La vida, sus sombras y soledades.

Tu sombra se ha esfumado,
ha hecho contrapeso 
con mis remotas ganas
de no saber de ti.

Qué suerte tuve al haberme perdido,
qué infamia fue encontrar paz
dentro de la mazmorra del miedo
y justo en ese instante
decidí vivir sin pretensiones. 

Mis pasos se confunden 
con el viento, cálidos están
los siento arrullarse 
entre los vaivenes del ayer
y las huellas del ahora.

Todo lo que no recuerdo
permanece muerto;
tu voz es inerte a mis oídos
y la mía es una onda
que vuela sin consuelo.

El diablo frecuenta soledades
decía Cerati…
La soledad sabe todo de mí
y no me asusta su presencia
mi único tormento
son los silencios que viven en ella.

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El show debe continuar

¡Luces, cámara y acción!

Siento el foco en mi cara
llegó la hora de la función,
mis pies quieren explotar
hay tensión en mi paladar.
No hay palabras,
solo veo hipocresía 
en mi caminar.
Sigo de pie, 
tengo el cuerpo entumecido 
pero el show debe continuar
y mis pasos cansados van,
hastiados de tanta soledad 
y mis sueños brillan
en la oscuridad.

Maldita oscuridad
vive adornando mi verdad
con absurdas mentiras
que todo el mundo quiere escuchar.
Y no importa lo que yo sienta
no importa lo que yo piense
no importa lo que yo diga
el show debe continuar.
Así la llaga vuelva a sangrar,
mi llanto navegue 
sobre mis mejillas
y el dolor brote por mis poros
seguiré mi camino, 
botando piedras a los mezquinos 
ignorando bocas llenas de insultos
viviendo esta vida
hasta el último suspiro.

Queen – The Show Must Go On.

Piano Escarlata

Aquí en mi densidad,
oigo el piano tocar
suenan aquellas notas,
bañadas en melancolía
susurran anhelos perdidos
haciendo olvidar nimiedades.
Música escarlata
contagia a la nostalgia,
se viste de rojo mi soledad
tiñendo mis manos cansadas.
Nocturnos deseos
empañando mi ventana,
el frío está cerca
y mi vientre hierve al templar.
Hermosa composición
estremece mis sentidos,
si muero esta noche
no tendré miedo al partir
la agonía suele ser bella
cuando ella no te importa,
y el sufrimiento es nulo
al dejarlo entrar
sin necesidad de aferrarse a él.

 

Noches de soledad y vino

Esta noche haré un trío

Con la soledad y el vino

Me dejaré amar

Contaré mis tristezas a la luna

Serviré una, dos o tres copas

Acabaré la botella

Y lo más seguro es que no termine la tertulia.

El tiempo a solas me sienta bien

Cuando tengo muchos inconvenientes por resolver.

Soy amante del vino

Disfruto de su amargura,

Baño mi garganta con su exquisitez.

No hay pensamientos que estorben

Cuando tengo mi copa llena.

No hay odios que dañen

Mi soledad,

Solo me arrepiento de una cosa…

No haber comprado más vino.

La soledad

La soledad dice lo que el ruido calla. Cuenta historias imaginarias de seres extraños que habitan en la psique. Crea mundos alternos, llenos de sueños por cumplir. La soledad invita a conocer la realidad; sin vendas en los ojos, sin tapujos y sin prejuicios. En ella se esclarecen las mentiras que las personas ocultan sin razón. Los miedos florecen en la oscuridad, relumbran en la cima de la adrenalina. Pero, ¿acaso dejarse amedrantar por la soledad sirve de algo?, ¿Por qué hay que huir de ella?

El silencio dilata la melancolía, prolifera las penas en una estruendosa calma que va siendo aniquilada por la soledad. Es así como la nostalgia toma participe y no se sabe si sentirse bien o mal. No se sabe qué hacer, si reír o llorar. No se sabe qué decir, si gritar o ahogarse en lágrimas. En la garganta hay un puñado de nudos esperando ser desatados, sin embargo, la angustia los reprime, creando un caos emocional que podría terminar mal.

El reloj no se detiene y la noche se presta para consumir las esperanzas. Ella invoca a los  recuerdos que suelen destruir la  paz que existe en la soledad. No se puede escapar de la soledad, no se puede cerrarle la puerta, ¿Qué fin tendría ignorarla para luego querer desearla?. Lo paradójico de esto, es que la soledad puede hacer daño, pero también es sano vivir en ella, sino no habría manera más efectiva para conocerse ¿No?

 

 

La vida es mi puta y yo hago con ella lo que quiera

A veces no distingo el sol de la mañana del sol de la tarde, cientos de nubes cargadas de preocupaciones opacan mis pensamientos, aquellos se disuelven suavemente con el paso de las horas; el tiempo cobra su estadía en mí. Abatida, perdida dentro la brújula de mi vida, empiezo a imaginar posibles y aventuradas tragedias llenas de autodestrucción. El dolor alivia un poco mi alma vagabunda, si algo me ha enseñado el dolor es a sentirme más viva…

Respiro. Inhalo esperanzas, suspiro recuerdos a blanco y negro, recuerdos aglomerados en la melancolía de mi memoria, exhalo ganas, ganas de luchar, de reinventarme un mundo, un nuevo espacio donde mis caminos comulguen a mi favor, en donde los sueños no son únicamente un largometraje nocturno…

Aquel lugar, mi conciencia y yo seremos uno solo, un universo lúcido, bañado de color. Tomar conciencia es mejor que cualquier trago de licor, sin embargo con unas cuantas botellas ingeridas he vuelto a nacer en medio de tanta mierda reprimida.

Me pesa menos la vida cuando la agonía de mi existencia es derrotada por la resaca. Vomito mis demonios exiliados en mi interior, hago una tregua con la tranquilidad.

La vida no será del todo bella pero es mi puta y con ella hago lo que yo quiera.

Hoy no te miro

Hoy no te miro, ni te escucho, no te abrazo ni te sostengo, no hay equilibrio en mi cuerpo que hasta un soplo me tumbaría al suelo. Mis lágrimas saladas se desbordan sobre mi estúpida cara. Suena What Do You Want For Me? de Pink Floyd .

 ¿Cómo haces para caminar sobre un muro sin esperanzas?, ¿cómo sonríes con el peso de la tristeza a tu espalda?, ¿Cómo sabes que estás viviendo?, Tu alma está agonizando, tal vez tu cuerpo aún dé señales de vida pero ella está sobre un hilo, la bella muerte anda rondándote. La muerte es un cuervo que te acecha, hambrienta, esperando hasta tu último suspiro. Lo único que te acompaña esta noche es un charco de sangre que cubre tus esbeltas piernas, ¿Crees en Dios? Más vale que no, porque no habrá ninguno que te salve.

Lo único que te va a follar es el frío que está tan penetrable como aquella verga que solías amar. Son tus sucias lágrimas, las únicas que te van acompañar. Te refugiaras en los brazos de tus desgracias.

Prendes un cigarro, te fumas tu vida, en cada “plon” hay desdichas, hay dolor y arrepentimientos que no te van a llevar a ningún lado, más que clavártelo en tu mano izquierda. Al final no duele ni te alivia.

La madrugada no es tan oscura comparada con tu aura. Suena Epitaph de King Crimson; cargas toneladas de fracasos y logros sin fundamento gracias a la puta ambición que siempre fue tu aliada. ¡He aquí la bestialidad hecha hombre!

¡Te estoy hablando a ti,  A ti, que estás al otro lado del espejo, mirándome como si no fuera contigo!, No te creas tan importante, no eres la gran cosa, sólo eres una mala cosecha de lo que sembraste.

No llores, déjame lamerte la cara, sólo estamos tú y yo. El espejo lo único que nos separa. Mi peor castigo es tener que mirarte y saber que no eres alguien más… soy yo.

Tengo Miedo

Estoy en un laberinto lleno de temores, de malos pensamientos y preguntas sin sentido.  El cansancio consume mi espíritu, agobiada se encuentra mi alma tratando de reconocerse entre tanta mierda. Al verme al espejo, me desconozco. Olvidándome de mí, dejé que las decepciones me mataran poco a poco.

Las pequeñas gotas de cada lluvia de enero golpean en mi ventana, son testigo de las mil horas de espera… Para qué seguir esperándote si el tiempo no espera a nadie, Para qué pensar en ti, si tú no piensas en mí.

La soledad ya no me asusta, me atemoriza más estar rodeada de tanta hipocresía humana. Quise calmar mis angustias en  tus brazos, pero aún estás lejos, inalcanzable te siento. Acompañada por unas cuantas bocanadas de humo, viendo la culminación del sol, cada vez más cerca de caer la noche. Es aquel espacio cósmico para renacer en medio de un festín de letras.

 

Tengo miedo de continuar queriéndote como te quiero y al mismo tiempo queriéndome menos.

Tengo miedo de acumular sueños, verlos rotos y destrozados en el suelo.

Tengo miedo perderme al seguir tus pasos.

Tengo miedo de no encontrarme por andar entre suspiros buscando tus rastros.

Tengo miedo de pausar mi vida, verla destruirse en pedazos, ¿a causa de qué?  Es la pregunta que retumba en mi desquiciada cabeza.

Tengo miedo de embrutecerme con unas cuantas botellas de whisky; intentando escapar de la realidad, cuando es ahí  que más cerca estoy de ella.

Tengo miedo a todo menos de morir. Al final será la bella muerte, el único refugio perpetuo donde las verdades saldrán a la luz ante mis ojos desbastados de tantas mentiras terrenales.