No existen poetas tristes  ni felices, solo existen poetas. 

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La desazón en su punto,

carcomiendo las entrañas
sin dejar algún souvenir
a pedir de boca.
¿No es extraño hacerse 
preguntas en tercera
persona?
Las respuestas divagan
en el aire,
vuelan como pájaros
sin hogar y ley.

El poema se queda corto,
no hay poesía que soporte
tanto dolor sin derramar
una lágrima…
No existen poetas tristes 
ni felices,
solo existen poetas. 
Poetas que sienten, 
y plasman su existencia
en versos de supervivencia. 

La alegría nace desde la panza,
como una droga 
llega a su desembocadura;
a una tez fría y una sonrisa
dentro de las pupilas.
¿Acaso la felicidad no es
pasajera, que cambia
de trayecto antes de llegar
a su destino?
Quizá el rumbo de esta historia
está perdido, 
quizá no hay maniobras 
que logren acoplar
los versos afligidos 
en rimas decantadas. 

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Poema Pink II

No quiero versos desgastados
ni abrazos por compromiso,
No quiero sonrisas reforzadas
ni letras sin sentido,
No quiero miradas llenas de lástima
ni leer poemas nulos de sentimientos.

Mi vida es una ruleta rusa
que gira, proclamando
la muerte en cada tiro.
Y la suerte está de mi lado
lo sé, aún respiro…
Y si hablo de la muerte
es porque no le temo a ella.

Escribo hasta saciar mi estupidez
busco consuelo en esta hoja de papel
y si vuelvo a ver el amanecer
cuando abra mis ojos,
sabré que he vivido más de mil vidas
en cada parpadeo.

Afiladas mentiras

Afiladas fueron las mentiras
que cayeron como escupitajos
sobre el borde de la cara.
La agonía sucumbió
en el fondo de las miradas
[De nada sirve vivir,
si vives para el engaño]
y estrecha fue la vida
para una pobre alma
creciente de luto.

Afilado puñal atravesó
la espina dorsal,
ni el aire contraído
fue capaz de sostener
los vientos de una traición.
La lluvia fue testigo
de la separación,
y la materia sigue intacta
mientras la esencia
ha sido perforada
por una daga
hecha mentira.

Poema Pink

Escribo para ahuyentar a los fantasmas de mi mente, 

para no perder las palabras en el viento

y cuando mi voz se quiebra, necesito desahogar mis penas

en cualquier papel que encuentre por ahí tirado.

 Escribo para dejar de fingir 

o para seguir fingiendo con estilo;

a veces tanto silencio abruma mis pasos y los versos acobijan mi llanto.

Yo no me declaro poeta, pero a mí la poesía me ha salvado

de caminos turbulentos, malas decisiones y 

sin dejar a un lado mis sentimientos.

Escribo para olvidarme de mí 

o recordarme en cada letra…

al final ni los puntos suspensivos llegan

 adormecer la sensación que me produce escribir.

Carta abierta al recuerdo tuyo

El reloj no se ha detenido ni un segundo desde que nuestros caminos se separaron. Aunque hay días en los que pareciera que el tiempo no avanzara, tanta quietud perturba mi inquieta cabeza. Lo mágico de todo esto, es que así como apareces de repente en mi mente, en un abrir y cerrar de ojos ya no estás. Admito que no ha sido sencillo lidiar con el duelo, porque muchas cosas me recuerdan a ti; la música, los chistes, poemas, libros, películas y así, una infinidad de cosas que compartimos durante mucho tiempo. Pero, hoy puedo decir que me siento tranquila, al menos ya no me duele ni un poco acordarme de ti… supongo que eso es bueno.
Bien me dijeron que el tiempo lo cura todo y puede ser cierto, pero sanar desde adentro no sólo es cuestión de tiempo sino de querer. En donde hubo tanto amor, no puede haber odio. Sin embargo, odiar es el primer camino que tomamos cuando nos sentimos lastimados por quién depositamos todo nuestro querer. Mas, escribir me ha ayudado desbocar todos mis sentimientos, dolores y sufrimientos. Hacer catarsis en un papel ha resultado una bomba de creatividad ambulante. Y seguí tu consejo, aquí estoy, no he parado de escribir.
Ya puedo decir sinceramente que estoy en paz contigo y conmigo. Lo que pasó entre los dos, quedará en mí, quizá por siempre; ya no me da rabia pensar en ti ni siento dolor alguno que dañe mi tranquilidad. Bien decía nuestro querido Gustavo Cerati, Perdonar es Divino. 

Vicio de nunca acabar

Aquí estoy otra vez, enfrentando a la hoja en blanco
apelando contra la inspiración,
acabando con esta sed.
Hay un manojo de papeles arrugados por toda la habitación
nada me gusta, nada me convence…
Quizá la musa se ha ido
quizá la suerte me teme
qué distante se siente empuñar la pluma
cuando tienes mucho por decir y poco para escribir.
Estas es una de esas crisis,
donde la abstinencia me está matando
¡Es un vicio escribir! – decían.
Porque mientras más escribes, la mente y el corazón
te exigen una dosis más alta de letras.
Para esta guerra, voy hacer una tregua:
soltaré mis sentimientos, me aferraré a esta hoja de papel,

la musa de la inspiración no tendrá más remedio
que aparecer y brindarme letras
de ese modo, escribiré hasta quedar bien high
porque este vicio es de nunca acabar. 

 

Vives en cada una de mis letras (poema)

Las palabras hoy no caben en mi pecho
pero eres tú el que me hace escribir desde adentro.
Te miro y podría recorrer tus lunares sin necesidad de besarlos.
Detallo cada parte tuya y no consigo concentración alguna,
es difícil lograr una rima cuando me dejo llevar por tu sonrisa.
Sonríes; me hablas, cubres mi cintura con tus manos,
dices que me amas, tus besos adornan mis labios; pierdo.
Me pierdo en tu fuego, y es tu fuego el que calma mi agua.
El calor de tu cuerpo arropa el mío.
Te abrazo, el tiempo no existe cuando estoy en tus brazos.
Te amo; amo esos instantes en los que sólo estamos tú y yo;
si el mundo no se detiene, mi amor por ti menos.
Nos desnudamos, desmenuzamos cada sentido
y en cada caricia florece pasiones desenfrenadas que brotan al mirarnos.
Recorro tu cuerpo, se estremece mi alma.
El clímax anuncia la muerte y es que después de cada orgasmo vuelvo a vivir;
moriría mil veces si es necesario con tal de renacer entre tus piernas.
Te dije que no tenía versos, pero no puedo evitarlo,
vives en mí y en cada una de mis letras…

Extrañar (Poema)

Extrañar es anhelar lo que ya pasó,

lo que pudo pasar y no sucedió.

Extrañar lo que fuimos,

es detenerse en el tiempo,

y en medio de suspiros revivir aquellos recuerdos

donde la felicidad hizo su gran hazaña.

Extrañar es el verbo justiciero,

Aquel verdugo crédulo,

Constante e intrépido.

Que te invita a la perdición,

Te enseña a querer u odiar,

No pide permiso y no tiene necesidad de fingir.

Castiga el olvido

Devora el pensamiento

No te dejes llevar por él

Suelta…

Vuela…

Y vive sin pensarlo dos veces.

Olvidar es el camino

No soy lo suficientemente noble para perdonar, ni tan degenerada para desgastarme odiando a quien me ha hecho daño. Pareciera que olvidar fuese la solución o tal vez es un bálsamo que apacigua mis desdichas. Trato de no pensar de más, porque mis pensamientos no dan tregua y vivir atormentada no es la idea. Cuando recuerdo el pasado, me siento tan indefensa, tan solitaria que preferiría morir por unas horas y resucitar a la mañana siguiente. Dicen que el pasado no regresa, que pertenece a la historia pero es mentira, acordarse de él es darle vida; es como un parásito que se alimenta del presente y no permite evolución. Del odio aprendí lo que el amor me dejó. Odiar es esa droga que va destruyendo la vitalidad sin dejar rastro; entregarse al odio es revolcarse y quedarse en la mierda… Y es aquí donde el olvido me otorga la paz que me arrebataron.

No concibo otra manera de seguir si no es olvidando y algunos dicen que mientras olvidas, vas perdonando…