Loca de coherencia

¿Y si ya no tengo nada que escribir?

¿Y si solo quiero fingir?

¿Tal vez ya todo lo he dicho?

A este papel le cabe todo

Sandeces, locuras y disparates.

Mi mente va rodando

Mientras mi cuerpo

Se hunde en la mierda…

Y perdona mi pesimismo

¿Qué digo?

¡Que se joda!

Aturdidas están mis letras

De tanto optimismo junto,

Y hoy solo quiero gritar

Tomarme un whisky,

Dejarme llevar por el vicio

De extrañar.

¿A quién engaño?

Ya no te echo de menos

Solo extraño lo que fui

Cuando estaba a tu lado.

La realidad es agobiante,

Es un gusano que se indigesta

De los miedos.

Me gusta escapar de ella

De vez en cuando,

Para no terminar como

Una maldita loca

Llena de coherencia.

Anuncios

De nada sirve … ¿?

De nada sirve dedicar poemas
si no los van a leer
de nada sirve evocar letras
si no las van a sentir 
y así se esfuman los versos 
como los días que muertos están
en el horizonte.
Así mueren mis letras;
agonizan en el ocaso del olvido
se marchitan en mis labios
y se pierden en el viento.
De nada sirve recitar poemas
si no hay oídos qué conquistar
de nada sirve escribir poesías
si lo hacen por unos cuantos likes
¡Vamos a vomitar los sentimientos!
¡Vamos a eyacular versos
mientras masturbamos las letras!
¿Acaso no es el arte la purga
que necesitamos para desintoxicarnos?
Este mundo podrido ya está
gira y gira sin dar marcha atrás 
y aquí estamos todos inertes 
creyendo que todo puede mejorar
aún así, hay mucha poesía para dar. 

 

El aterrizaje

Llegó la hora de soltar lo malo

De decir yo puedo

Así el mundo diga lo contrario.

Llegó el momento de dejar ir las desilusiones

De abrazar los sueños, envolverme junto a ellos.

Me he caído, me he raspado el culo

y con orgullo digo: aquí sigo, con la frente en alto y el pecho erguido.

No es fácil, nunca ha sido sencillo,

Pero tengo mil razones para no abandonar este viaje…

Tengo la valentía suficiente para enfrentar mis miedos

¡Vaya, me he cagado justo al decir eso!

Son muchos los temores, son muchas las incógnitas

Mas, perseguiré mis metas y agotaré los intentos,

Porque no concibo rendirme,

Así en los malos días poco me acuerde de ello.

He visto gente burlarse en mi cara

Los he visto pisoteándome el orgullo

Me he sentido destruida

Y he caído en las mieles del fracaso…

Es acogedor el suelo cuando has tocado el fondo del calabozo.

Sin embargo, nada se compara con sacar las garras,

Levantarse y caminar hasta el final del laberinto.

En medio de tanta oscuridad, pude ver la realidad…

En esa realidad, soy yo la que lleva la batuta.

Soy la piloto de este viaje

Y ninguna turbulencia va a joderme el aterrizaje.

El mundo patas arriba —Poema—

Estoy cansada de esta sociedad hipócrita

De las mentiras de la tele,

De la doble moral en cada esquina,

De los prejuicios baratos

Y las injusticias.

El pobre cada día es más pobre,

Y el rico cada día vive del pobre.

No existe la igualdad,

En una sociedad donde la educación no es lo primordial.

No existe la paz,

En un mundo donde la guerra factura billones.

No existen los sueños,

En donde hay niños que se mueren de hambre.

Estoy cansada que el mundo sea quien te diga cómo quieres que seas,

No hay autenticidad, sólo sé una copia de los demás.

Nadie apoya el arte,

Lo siguen viendo insignificante.

No hay sensibilidad,

En este mundo ya todo nos da igual.

— ¿Un muerto más? Qué más da.

Estoy cansada de ver tanta indiferencia,

Tanto odio infundado,

Y ver la maldad reinando.

El mundo está patas arriba,

Hay sangre por todos lados…

Destrucción, corrupción —qué maldición—

Ya perdí la cuenta de las vidas perdidas.

¿Dónde está la humanidad?

Nunca ha estado,

Nos vendieron la idea que somos animales racionales,

Pero es mentira,

La humanidad no está en nosotros, está en los animales.

 

 

Imagen: Pixabay.

La duda

Se me han revuelto las entrañas,
Siento que todo el mundo me engaña
Esta sed de la verdad
Me está robando la calma.
No puedo pensar bien
He perdido el apetito
Mi única ayuda es el licor bendito.
¿Cómo una duda puede robar el aire que respiro?
El desasosiego de conocer todo a medias
Hace que pierda la poca razón que me queda.
No escucho mi consciencia
Y quiero todas las respuestas
Si de esta no salgo, sólo me queda por decir:
¿quieres matar a alguien en vida?
Siémbrale una duda en la cabeza.

Mujer, no puedes…

Mujer, no puedes usar minifalda
porque corres el riesgo que te falten el respeto
no puedes tener un profundo escote
porque te meterán la mano sin permiso
no puedes caminar sola por la noche,
la violación es inevitable.
No viajes sola/ni con tus amigas
en minutos te arrancarían la vida
No digas que te están acosando
¿Quién te creería?/¿Acaso hay justicia?
Mujer, no escribas poesía erótica
ni relatos eróticos, sólo los hombres pueden/¿no entiendes?
Por mucho que digas NO, para ellos es un
si dices NO QUIERO, no importa, ellos acceden.
si te rehúsas, ellos dirán que eres una morronga
si aceptas, eres una puta
Ya ves, Mujer, no te pueden ver como victima
porque tú te lo buscaste
tú lo provocaste
es tu maldita culpa, por el hecho de ser mujer

 

 

 
¿Hasta cuándo vamos a seguir normalizando estas conductas reprochables?
Hasta cuándo…

Pd: Morronga = mojigata.

 

La soledad

La soledad dice lo que el ruido calla. Cuenta historias imaginarias de seres extraños que habitan en la psique. Crea mundos alternos, llenos de sueños por cumplir. La soledad invita a conocer la realidad; sin vendas en los ojos, sin tapujos y sin prejuicios. En ella se esclarecen las mentiras que las personas ocultan sin razón. Los miedos florecen en la oscuridad, relumbran en la cima de la adrenalina. Pero, ¿acaso dejarse amedrantar por la soledad sirve de algo?, ¿Por qué hay que huir de ella?

El silencio dilata la melancolía, prolifera las penas en una estruendosa calma que va siendo aniquilada por la soledad. Es así como la nostalgia toma participe y no se sabe si sentirse bien o mal. No se sabe qué hacer, si reír o llorar. No se sabe qué decir, si gritar o ahogarse en lágrimas. En la garganta hay un puñado de nudos esperando ser desatados, sin embargo, la angustia los reprime, creando un caos emocional que podría terminar mal.

El reloj no se detiene y la noche se presta para consumir las esperanzas. Ella invoca a los  recuerdos que suelen destruir la  paz que existe en la soledad. No se puede escapar de la soledad, no se puede cerrarle la puerta, ¿Qué fin tendría ignorarla para luego querer desearla?. Lo paradójico de esto, es que la soledad puede hacer daño, pero también es sano vivir en ella, sino no habría manera más efectiva para conocerse ¿No?

 

 

El accidente que es vivir.

Los días transcurren con calma, una abrumadora calma que se logra confundir entre el espejismo y la realidad. Lo esquiva que a veces puede resultar la vida, fluctúa infinitamente en la mente de aquellos mortales que el silencio los hace desfallecer.

Escuchar el tic-tac del reloj, mientras ves el tiempo desvanecerse entre tus ojos; esperando aquellos abrazos que jamás sucederán de nuevo, y botando amargos recuerdos al basurero más espeluznante que pueda existir: el olvido. Recordando que no hay tiempo, la vida es un eterno baile que ante cualquier descuido te pisa los pies.

Cada paso conseguido regurgita la angustia, domesticándola a su antojo; destronando batallas inimaginables, porque el único que vive y se alimenta de las esperanzas es el nefasto miedo.

—“Valiente serás si logras vencer el miedo” — grita, mi mente.

Cobarde, la cobardía se ha apoderado de mí, lo admito. Me he dejado envolver en los placeres oscuros de aquellas dudas que poco a poco fueron absorbiendo las ganas de salir de ese maldito pozo, infestado de pesimismo y carcomido por el conformismo inepto que alguna vez tanto critiqué.

—“Tocar fondo, bañarse con las frustraciones no es del todo malo”— recalqué, sumergida entre la mierda — mientras, la vida carcajeaba y se pavoneaba de mis desgracias.

Sentirse derrotada, llena de infortunios que yo misma causé; fue mi alimento y refugio impenetrable que me permitieron sentirme más viva. Gallardía al levantarme, estando reventada en el pavimento sin necesidad de recurrir a los vicios que alguna vez hicieron parte de mí. Aparté esa guerra interna que no me dejaba avanzar, dejé de pensar en los demás. Dejé de pensar en los posibles desenlaces de mi vida y empecé a vivir, creer en el ahora. En este presente fortuito lleno de contrastes, amargo y dulce; en donde existir podría llegar a ser el accidente más bonito que podría pasar.