Un solo de amor

Adentrándonos en los placeres ocultos
que habitan en la piel;
siendo los dos 
esclavos del poder.
hoy somos dos marionetas
manipuladas por el deseo,
deseo de corromper
nuestras almas en el averno.

Risas involuntarias 
resuenan en las sábanas,
andan sueltos nuestros demonios
y son tus ojos, la llave
que abre paso a mi perversión.
Mi lengua está tibia 
de tanto lamer tu encanto…

La pasión nos venció 
la luna se engrandeció 
y nuestras voces 
se confundieron
en un solo de amor.



Poema inspirado en la canción “Entre Caníbales” de Soda Stereo.

Soda Stereo – Entre Caníbales. 
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No hay poema más bello

Me aferro a tu desnudez como un ciego que no puede ver,
palpando todo ese terreno desconocido por los dioses;
tu figura se desdibuja ante mis ojos
y mis manos juguetean con tu rostro.
Mis dedos cálidos, torpemente entran a tu boca
hay un festín de obscenidad,
tu saliva adormece mis ganas.
Cuánta verdad oculta hay en tus besos
cuánta es mi necesidad por morar en ellos;
tu piel es el refugio de mis versos
y no hay poema más bello que mutar en tu cuerpo.
Bañados en sudor, huyendo del tiempo
siento tu virilidad sobre mí
¡Y tiemblo!
Yace mi voluntad en tu lecho
Yace tu deseo en mis pechos.
Y no hay poema más bello que revivir este encuentro.

Frenesí es mi nombre

Tengo besos atorados,
amontonados en la punta de mi lengua;
quiero incursionar en una boca candente,
e ir arrancándole los miedos.
Uno a uno, irán cediendo 
mientras el oleaje de mi saliva 
va domesticando su pudor.
Tengo quereres aglomerados en mi pecho
y la brújula de mi deseo
busca un capitán 
que pueda manejar el voltaje,
sin riesgo a chocarse al instante. 
Tengo un fuego sin consumarse 
en mis caderas
y un volcán queriendo derramarse
en unas piernas justicieras.
Frenesí puede ser mi nombre
y lujuria mi apellido
y sus manos el vértigo
que hacen crepitar mi letargo.

Divina tentación

Euforia desencadenada 
había en su espalda,
dos roces bastaron
y mi boca humedecida 
fueron testigos 
de la lujuria que asentía 
en su cuerpo.

En sus labios yo vivía,
respiraba en sus comisuras;
besos de ensueño
nublaron mi pensamiento
podía morderlos hasta sangrar
podía lamerlos hasta levitar
podía bordear su cara 
con mi lengua.
Solía perder la razón
cuando veneraba 
su divina tentación.

Alcancé la gloría 
al ajuiciar sus demonios,
adoraba dormir 
en su vientre
adoraba abrazar sus penas,
y cuando despertaba
admiraba sus piernas
qué bonito amanecer
salía de su entrepierna.
Frenética pasión
allí vivía,
esperando por mí
fue paciente
y yo fui
impaciente por devorar 
la fuente
de mi perdición.