Tengo una confesión que hacer

Tengo una confesión que hacer
y, en mis noches,
la luna concreta mi pedido.
Es una virtud callar
y ofrecer un poco de abrigo,
en mí, nacen todas las respuestas
y en ti, mueren cada una de ellas.

Anaranjado cielo,
sin nubes estorbando,
hacen de mi horizonte
un hogar soñado.

Mi vestido es de flores
mi garganta de mármol
Sé que debo hablar
pero mi voz se ha apagado.

Tengo una confesión que hacer
y, en mis mañanas,
el café me invita a nacer.
Es una virtud hablar
cuando el corazón
te enseña a guardar;
el silencio es mi peor enemigo
he callado, miro y sonrío…

Tengo una confesión que hacer
y tal vez, ya la he dicho,
mi palabra sea dicha
y mis suspiros
un delirio.






Olvido a destiempo

Vencí al silencio,
a la bruma, y al viento.
Quise derrochar
verdades,
quise prolongar
el tiempo,
pero tu mirada,
siendo aun, más desafiante
mató mi vergel.

Ya no hay reproches
que aten a un sueño,
ni omisiones a sueldo.
Tuve que morir dos veces,
para recordar
el filo de mi vida,
y aún así…
Olvido a destiempo.




Día tras día

La herida sigue abierta,
sigue escurriendo sangre de allí.
Corre, herida, corre
ya no hay soplos de adrenalina
que puedan sortear
las mil desgracias
al borde de un río.

Mis pasos tibios
se deslizan por el acantilado,
¿Qué será del vacío
en un lugar tranquilo?

A veces vivo por inercia
sobrevivo, si, es un hecho,
pero también es una mentira
que vivo día tras día.

Borderline,
No hay líneas rectas
en este camino,
que se resistan a mis pies
húmedos.

Escalera de mentiras

Mi noche, empero, es narcisa a la luz
mi luna, empero, es libre sin cruz.

Yo quise mutilar las margaritas
mojar mi rostro cansado,
pero la noche seguía intacta, seguía sonora
y, mi voz erguida
calló.

Esta escalera de mentiras
me eleva, me mata sin razón;
ya no hay margaritas
qué despojar
ni noches qué abrazar,
solo el silencio de mi cama
me arrulla sin tesón.

Sueño sin desenlace.

La corriente secó mi timidez;
en aquel instante,
fui tenue, impar e impaciente…
Pequeño desliz,
ha dejado mi piel
entumecida, cansada y desgastada.
Yo saboreé la verdad de tus labios
y besé tus mentiras,
aún así, copulabas en silencio.
Remota idea de equivocarme,
de verter mi sanidad
en un cuerpo usado.
Mi espalda habla de mi pasado
y mi vientre promulga
un futuro que rechazo…
¡Catarsis!
¡hipnosis!
¡Súbita muerte!
Mi desierto permanece inmóvil
y en mi ciudad la lluvia no cesa,
tal vez, sea la hora
de condenar esta realidad
a un sueño sin desenlace.



Pareciera, todo pareciera…

Pareciera que soñar es un desvelo,
una carrera sin final,
una montaña de hielo,
una pupila dilatada
queriendo
ahorrarse los lamentos.

Yo, mi cielo, el vértigo
Él, su infierno, su destiempo.

Pareciera que vivir es un sueño,
una lluvia sofocante,
una mirada sin gesto,
un río sin cause,
buscando
ahogarse a mar adentro.

Pareciera, todo pareciera…
y la verdad sucumbe
sin pérdidas.

Daddy by Sylvia Plath

La poeta Sylvia Plath estremeció al mundo de las letras, con su sutil y voraz manera de escribir. Hoy, comparto en mi blog su poema “Daddy“, que a pesar del tiempo, sigue siendo controversial. La traducción de este poema fue realizada por el poeta español Xoán Abeleira.

You do not do, you do not do   
Any more, black shoe
In which I have lived like a foot   
For thirty years, poor and white,   
Barely daring to breathe or Achoo.

Daddy, I have had to kill you.   
You died before I had time——
Marble-heavy, a bag full of God,   
Ghastly statue with one gray toe   
Big as a Frisco seal

And a head in the freakish Atlantic   
Where it pours bean green over blue   
In the waters off beautiful Nauset.   
I used to pray to recover you.
Ach, du.

In the German tongue, in the Polish town   
Scraped flat by the roller
Of wars, wars, wars.
But the name of the town is common.   
My Polack friend

Says there are a dozen or two.   
So I never could tell where you   
Put your foot, your root,
I never could talk to you.
The tongue stuck in my jaw.

It stuck in a barb wire snare.   
Ich, ich, ich, ich,
I could hardly speak.
I thought every German was you.   
And the language obscene

An engine, an engine
Chuffing me off like a Jew.
A Jew to Dachau, Auschwitz, Belsen.   
I began to talk like a Jew.
I think I may well be a Jew.

The snows of the Tyrol, the clear beer of Vienna   
Are not very pure or true.
With my gipsy ancestress and my weird luck   
And my Taroc pack and my Taroc pack
I may be a bit of a Jew.

I have always been scared of you,
With your Luftwaffe, your gobbledygoo.  
And your neat mustache
And your Aryan eye, bright blue.
Panzer-man, panzer-man, O You——

Not God but a swastika
So black no sky could squeak through.   
Every woman adores a Fascist,   
The boot in the face, the brute   
Brute heart of a brute like you.

You stand at the blackboard, daddy,   
In the picture I have of you,
A cleft in your chin instead of your foot   
But no less a devil for that, no not   
Any less the black man who

Bit my pretty red heart in two.
I was ten when they buried you.   
At twenty I tried to die
And get back, back, back to you.
I thought even the bones would do.

But they pulled me out of the sack,   
And they stuck me together with glue.   
And then I knew what to do.
I made a model of you,
A man in black with a Meinkampf look

And a love of the rack and the screw.   
And I said I do, I do.
So daddy, I’m finally through.
The black telephone’s off at the root,   
The voices just can’t worm through.

If I’ve killed one man, I’ve killed two——
The vampire who said he was you   
And drank my blood for a year,
Seven years, if you want to know.
Daddy, you can lie back now.

There’s a stake in your fat black heart   
And the villagers never liked you.
They are dancing and stamping on you.   
They always knew it was you.
Daddy, daddy, you bastard, I’m through.

Sylvia Plath, “Daddy” from Collected Poems. Copyright © 1960, 1965, 1971, 1981 by the Estate of Sylvia Plath.

PAPI
 
Tú ya no, tú ya no
Me sirves, zapato negro
En el que viví treinta años
Como un pie, mísera y blancuzca,
Casi sin atreverme ni a chistar ni a mistar.
 
Papi, tenía que matarte pero
Moriste antes de que me diera tiempo.
Saco lleno de Dios, pesado como el mármol,
Estatua siniestra, espectral, con un dedo del pie gris,
Tan grande como una foca de Frisco,
 
Y una cabeza en el insólito Atlántico
Donde el verde vaina se derrama sobre el azul,
En medio de las aguas de la hermosa Nauset.
Yo solía rezar para recuperarte.
Ach, du.
 
En tu lengua alemana, en tu ciudad polaca
Aplastada por el rodillo
De guerras y más guerras.
Aunque el nombre de esa ciudad es de lo más corriente.
Un amigo mío, polaco,
 
Afirma que hay una o dos docenas.
Por eso yo jamás podía decir dónde habías
Plantado el pie, dónde estaban tus raíces.
Ni siquiera podía hablar contigo.
La lengua se me pegaba a la boca.
 
Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich,
Apenas podía hablar.
Te veía en cualquier alemán.
Y ese lenguaje tuyo, tan obsceno.
 
Una locomotora, una locomotora
Silbando, llevándome lejos, como a una judía.
Una judía camino de Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como una judía.
Incluso creo que podría ser judía.
 
Las nieves del Tirol, la cerveza rubia de Viena
No son tan puras ni tan auténticas.
Yo, con mi ascendencia gitana, con mi mal hado
Y mi baraja del Tarot, y mi baraja del Tarot,
Bien podría ser algo judía.
 
Siempre te tuve miedo: a ti, a ti
Con tu Luftwaffe, con tu pomposa germanía,
Con tu pulcro bigote y esa
Mirada aria, azul centelleante.
Hombre-pánzer, hombre-pánzer, Ah tú…
 
No eras Dios sino una esvástica
Tan negra que ningún cielo podía despejarla.
Toda mujer adora a un fascista,
La bota en la cara, el bruto
Bruto corazón de un bruto como tú.
 
Mira, papi, aquí estás delante del encerado,
En esta foto tuya que conservo,
Con un hoyuelo en el mentón en lugar de en el pie,
Mas sin dejar por eso de ser un demonio,
El hombre de negro que partió
 
De un bocado mi lindo y rojo corazón.
Yo tenía diez años cuando te enterraron.
A los veinte intenté suicidarme
Para volver, volver a ti.
Creía que hasta los huesos lo harían.
 
Pero me sacaron del saco
Y me amañaron con cola.
Y entonces supe lo que tenía que hacer.
Creé una copia tuya,
Un hombre de negro, tipo Meinkampf,
 
Amante del tormento y la tortura.
Y dije sí, sí quiero.
Pero, papi, esto se acabó. He desconectado
El teléfono negro de raíz, las voces
Ya no pueden reptar por él.
 
Si ya había matado a un hombre, ahora son dos:
El vampiro que afirmaba ser tú
Y que me chupó la sangre durante un año,
Siete años, en realidad, para que lo sepas.
Así que ya puedes volver a tumbarte, papi.
 
Hay una estaca clavada en tu grueso y negro
Corazón, pues la gente de la aldea jamás te quiso.
Por eso bailan ahora, y patean sobre ti.
Porque siempre supieron que eras tú, papi,
Papi, cabrón, al fin te rematé.

Traducción de Xoán Abeleira