La cerveza y el olvido

La cerveza fría y espumosa
atraviesa mi garganta;
es como un antídoto 
contra el olvido.
Cada sorbo que bebo
cura mi pésima memoria,
y no es que no quiera recordar
mas el tiempo es tan corto 
que no queda de otra que seguir
con mi destino:
Tener un pensamiento errante,
huyendo tal vez de todo aquello 
que sometió mi ser. 
El vahído del alcohol 
hace las horas más ligeras;
no bebo porque esté triste
ni mucho menos alegre,
si bien es cierto que la vida
tiene un ciclo por cumplir
y reglas qué quebrantar
yo no fío en ninguna,
en mí, yacen todas muertas. 

Tercer poema de la serie: El diablo de los poemas.

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Bruyant

Me aterra el dejarte ir como el querer amarrarte a mi estable inestabilidad, a este miserable odio a los amaneceres fríos y solitarios que solo anhelan un poco de fuego y oscuridad.

Me horroriza lo que hay en mi interior, tanto como el no llegar a conocerlo nunca. Y que lo único que logre, sea iluminarte con tanta oscuridad hasta cegarte.

No quiero ahogar tus sonrisas en lágrimas conservadas en vasos de agua, pero pretendo hundirme en carcajadas que estarán cada vez más lejos…

Aunque se muden a mi lado.

Escrito por:

Laura J. García García.

No lamento…

No lamento el tiempo invertido 
ni las mañanas de sabor a cafeína,

no lamento las sonrisas regaladas 
ni los poemas recitados en la almohada,

no lamento haber vivido lo que viví
ni haber dejado de hacer lo que pude haber hecho,

no lamento el llanto que derramé
ni la tristeza que sentí cuando los sueños se fueron,

no lamento las noches taciturnas 
ni los días de relleno;
en el atardecer fui
y el amanecer soy.

No lamento mi ira
cuando vociferaba verdades parcas,
ni las mentiras emitidas 
por mi boca amarga.

No lamento los versos que te di
ni el amor que recibí.

Solo lamento no haber escrito esto antes,
pero ya no soy frágil 
y sé vivir sin mirar atrás. 

 

Un día aprendí

Un día aprendí a decir adiós sin darme cuenta, cada año que pasa dejo atrás: actitudes, vicios, personas, colores, sabores, errores… y así podría escribir un sinfín de cosas que quedan en el limbo del pasado. En medio de esa nubosidad de antaño, me queda la sensación de haberme quedado con lo mejor de los puños que la vida me proporcionó. He aprendido a no apegarme a las cosas materiales; el apego es ese puñal que perfora el raciocinio y no deja ver lo que en realidad importa. Dejé de sufrir por lo insufrible, hay situaciones que no caben en mis manos y no puedo controlarlas.
“Aquello que no depende de mí, no debe joderme”, es mi consigna. Pero llegar a este punto me ha costado mares, he batallado contra mi peor enemigo… YO, y no ha sido una pelea fácil, a veces me masacra y humilla mis sueños. Todavía sigo en esa constante guerra y cada día que muere, yo sigo respirando.
Siento que no he vivido mucho, sin embargo al verme al espejo mi rostro me confirma todo lo contrario. Mi mirada es nebulosa, desconfiada y tal vez un poco pesimista. Tengo tatuadas las desilusiones en la memoria, pero no para sentirme mal por ello sino para acordarme que en este sube y baja de emociones, el que gana la partida no es el que llora sobre sus desgracias, es el que consigue sobrepasarlas. 

 

Un minuto de desahogo

Como una vela agonizando, se van apagando mis emociones. Pareciera difícil encontrar mi punto de equilibrio, un día estoy bien, al otro es un completo caos. La vida y sus contrastes, llenándome el rostro de bofetadas todas las mañanas.

Escucho los murmullos de los que me rodean, los oigo vociferar sus quejas. Culpan a todos, culpan a Dios, pero nunca se culpan a sí mismos. Es más fácil arremeter contra los demás, lavar sus errores y untar de mierda el aura ajena que ver en qué se están equivocando y aceptar sus vergüenzas.

Yo quisiera decirles: me cago en sus culpas, a la mierda sus mezquindades y la puta que parió sus inseguridades, pero no… sólo respiro, cuento hasta 10 y no pierdo mi tranquilidad. Porque si hay algo que estoy de acuerdo con los gurús de la armonía, es que ningún hijo de puta debería torpedear mi serenidad. 

Avanzar es un arma de doble filo

Este vacío no es tristeza, tampoco son ganas de joder. Este vacío no es amnesia ni olvido, mucho menos es un capricho; es una sensación de salir corriendo — desnuda — sin ningún tipo de máscara para evitar caer en el ridículo. Al vacío se desdoblan todas mis emociones cuando me siento desubicada y mis pensamientos gorgotean en mi sienes buscando decir lo que he decidido callar. Este vacío no es odio ni falta de amor, es la construcción diaria de lo que no se puede expresar con palabras. Tratar de edificar sobre un plano inexistente es ese vacío que produce el miedo a lo desconocido. Este vacío no es autodestrucción, tampoco es descontrol, es la necesidad de experimentar algo nuevo, de la mano al temor del fracaso, pero sin dudarlo dos veces para realizarlo. Avanzar es un arma de doble fijo; sales victoriosa o malherida sin embargo nunca cobarde.

Catarsis del sin sentido

No me pidas sonreír cuando aún tengo el corazón arrugado, aunque en realidad si sonrío y no me cuesta nada. La felicidad es tan efímera que no trasciende con el paso de las horas; sentirse feliz no es un estado de ánimo, es un bálsamo para la realidad. No me pidas ser optimista cuando es la vida, la que te enseña a bañarte con limón las heridas. El optimismo no está hecho para todo el mundo, es un auto-engaño que te protege de la existencia, pero ¿cómo sabes que existes?… 
Todos hablamos de la existencia, de lo ruda que puede ser, de los métodos para burlarnos de ella pero, ¿acaso la existencia no es sinónimo de somnolencia?, ¿Y si todo esto es un sueño? Un perturbador sueño que nos arropa desde que nacemos, con la mentira que debes crecer para alcanzar tus sueños y ahí llegar a tu destino final, que es la muerte. Qué jocoso nacer para morir, qué estúpido vivir bajo ese principio. 
Y llegan los tropiezos, aparecen los problemas en tu pequeño mundo, nada es como el ayer, el hoy no alcanza y el mañana es incierto. Te preguntas si todo esto tiene sentido, a veces dudar de todo es adquirir sabiduría de ti mismo. 
La gente huye de la tristeza porque la ven como algo turbio, y es normal, desde que salimos del útero de nuestra madre, nos han dicho que estar triste es malo, regocijarse en pensamientos negativos, solo nos traería mala suerte. ¿Y no es la suerte un dogma creado por el hombre? “Tener buena suerte” no es como ganarse una lotería y la vida no es para el que le guste todo lo fácil, sin embargo, a esas personas son las que le va mejor. Entonces, vuelves y te preguntas; ¿tiene sentido todo esto? 
Ni este escrito tiene sentido, ni la vida tampoco lo tiene. Mi río en mis tetas, sí, porque siempre quiero llegar a pensar más allá, y no encuentro nada, todo está nublado, confuso. La nada debería ser un lugar tranquilo, empero en ese lugar solo hay desolación y terquedad.
Cae la noche sobre la ciudad, al otro lado del mundo amanece. Todo es tan diciente y la vez es impreciso. Te vas a dormir con la idea que todo continua mientras duermes pero al despertar te das cuenta que todo está tal cual como lo dejaste. 

He de mentir

He de mentir si te digo que no te pienso
si no te imagino sonriendo
o buscando algún consuelo.
He de mentir si te digo que no te quiero
y sí te quiero, me muero por tus besos,
durmiendo en tu pecho
creando un universo.
Aún sueño contigo
creyendo en lo nuestro,
pero la realidad me atropella
y te veo bien lejos.
Hemos perdido el rumbo
ahora estoy yo sin ti y tú sin mí
viviendo sin frenos.
He de mentir al decir que debemos estar juntos
eso ya lo sabemos,
tuvimos tantos intentos
solo cosechamos varios fracasos.
No te miento al decirte que te echo de menos,
mas si algo he aprendido de todo esto
es que mi tranquilidad va primero.

Un llamado a la resistencia –Reflexión–

¿Cómo se recupera el tiempo perdido?, ¿Cómo seguir en la lucha cuando tus fuerzas están agotadas? Son preguntas que rebotan en mi cabeza. Quisiera cerrar los ojos y apagar mi mente, pero los murmullos cada vez son más fuertes, se escuchan los gritos de mis pensamientos; son como puñaladas que me van desangrando poco a poco. ¿Puede el olvido ayudar a perdonar?, ¿Es más fácil acostumbrarse al dolor que evitarlo? No lo sé, es difícil encontrar las respuestas adecuadas. El tiempo se disuelve al igual que el agua, es transparente, intangible, soberano. Y la impaciencia es como una bacteria que lentamente va secando el alma… Vuelve el interrogante a manifestarse, vuelven las dudas a sembrarse y no sé qué esperar de mañana, ni sé lo que sucederá en seis horas, sólo sé que sigo resistiendo. El caos a veces me nubla el raciocinio, permanecer estable todo el tiempo es una tortura cuando sabes bien, que lo que pase fuera de ti, no lo puedes dominar. Cuando toda esta tormenta pase, volveré a mis escritos viejos, seguramente me reiré o tal vez lloraré… Dejando los rencores a un lado, respirando fuerte, suspirando bonito y recordando que no hay mal que no haya podido combatir, estando al frente del cañón, aún sabiendo que podía morir y pude vencer la muerte a punta de resistencia. 

 

Siempre vuelvo al lugar donde me siento libre, donde puedo ser yo o jugar a ser otra, en la escritura.

Desahogo

Tengo angustias atravesadas en la garganta, queriendo desbordarse en un mar de lágrimas. Tengo entumecida la paciencia, esperando quizá, la dicha de encontrar un destello de luz en medio de todo este caos. Puedo sentir cómo todo se derrumba y se desmorona la paz que había cosechado. Trato de no pensar, de no reprocharme nada, incluso, inculparme no me trae nada bueno… ya había olvidado esta sensación, ya había conseguido respirar dentro la oscuridad, pero hay días que vuelvo al inicio y no encuentro motivos para seguir en este camino y es ahí dónde aparece unas cuantas letras, para recordarme que todo pasa, todo río tiene su desembocadura. En los momentos buenos sé quién soy y en los malos sé para dónde voy. A veces no me encuentro pero al final del día estoy lista para dar la pelea. La mente es el lugar donde no hay descanso, todo el tiempo está buscando respuestas a las dudas. Planeando posibles soluciones, haciendo conjeturas sin vuelta atrás. Agobiante es el pensamiento cuando las preocupaciones sobrecarga las emociones. Este desahogo, me ha quitado mil toneladas de pensamientos de encima. Escribir no será mi mayor talento pero es mi terapia intensiva.