Me dejo caer

Me dejo caer;
sé que voy a morir 
esta noche
pero mi mente parlotea
y no me deja 
matar mi promesa.
La noche cabalga 
en mi espalda
y jadea como una 
ramera en celo,
me relata sus amenazas
en mi contra,
se burla de mi fe.
Tiene la rienda suelta 
y la oscuridad está a su favor.
Otras veces habría dicho 
que no tengo miedo
pero hoy sí.

Pude haber muerto,
haber enterrado 
lo que no me gusta de mí.
Sin embargo, 
me levanté y no hubo peros,
la mañana está a mis pies
y no me vencí.

Cuarto poema de la serie: El diablo de los poemas.

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La vida, sus sombras y soledades.

Tu sombra se ha esfumado,
ha hecho contrapeso 
con mis remotas ganas
de no saber de ti.

Qué suerte tuve al haberme perdido,
qué infamia fue encontrar paz
dentro de la mazmorra del miedo
y justo en ese instante
decidí vivir sin pretensiones. 

Mis pasos se confunden 
con el viento, cálidos están
los siento arrullarse 
entre los vaivenes del ayer
y las huellas del ahora.

Todo lo que no recuerdo
permanece muerto;
tu voz es inerte a mis oídos
y la mía es una onda
que vuela sin consuelo.

El diablo frecuenta soledades
decía Cerati…
La soledad sabe todo de mí
y no me asusta su presencia
mi único tormento
son los silencios que viven en ella.

Sabrán mis noches

Quise leer la poesía de tus ojos

Encontrar el secreto de tu traviesa mirada,

Pero el miedo contrajo mis intenciones

Y no tuve más remedio que huir.

Soy cobarde, lo acepto

Pero he soñado con tus cálidos besos

Mientras la tierra se abre

Y absorbe la furia de mis entrañas.

He imaginado unir las constelaciones

De tu piel,

Recorrer tus puntos débiles

Amar tu cuerpo, amar tu alma…

Sabrán mis noches

Lo que mi boca calla y mi mente me delata

Sabrán de ti, de mí, de nosotros

Mas no hablarán, porque mis noches

Son como las tumbas,

Hablas con ellas, pero no hay respuesta alguna.

Avanzar es un arma de doble filo

Este vacío no es tristeza, tampoco son ganas de joder. Este vacío no es amnesia ni olvido, mucho menos es un capricho; es una sensación de salir corriendo — desnuda — sin ningún tipo de máscara para evitar caer en el ridículo. Al vacío se desdoblan todas mis emociones cuando me siento desubicada y mis pensamientos gorgotean en mi sienes buscando decir lo que he decidido callar. Este vacío no es odio ni falta de amor, es la construcción diaria de lo que no se puede expresar con palabras. Tratar de edificar sobre un plano inexistente es ese vacío que produce el miedo a lo desconocido. Este vacío no es autodestrucción, tampoco es descontrol, es la necesidad de experimentar algo nuevo, de la mano al temor del fracaso, pero sin dudarlo dos veces para realizarlo. Avanzar es un arma de doble fijo; sales victoriosa o malherida sin embargo nunca cobarde.

El Silencio

Insano es lo que siento
y no puedo expresarlo,
pierdo demasiado tiempo
pensando en tonterías
¿es el silencio inalcanzable
ante los murmullos del pasado?
No quiero caer en el baile de la monotonía
ni mezclar el alcohol con recuerdos.
Escribo poesía porque me da miedo
gritar a los cuatro vientos…
y no le temo callar
–presumo de ello–
pero a veces es mejor guardar silencio.

¡Qué hablen las letras!
En el papel quedó la angustia
que guardaba en mi pecho.
La lengua está seca
esperando esparcirse

en un cuerpo honesto,
mi boca es prudente
con la omisión de los necios.
Es más fácil perder el control
hablando con desconcierto 
que enmudecerse ante las palabras
dichas sin esmero. 

Tengo Miedo

Estoy en un laberinto lleno de temores, de malos pensamientos y preguntas sin sentido.  El cansancio consume mi espíritu, agobiada se encuentra mi alma tratando de reconocerse entre tanta mierda. Al verme al espejo, me desconozco. Olvidándome de mí, dejé que las decepciones me mataran poco a poco.

Las pequeñas gotas de cada lluvia de enero golpean en mi ventana, son testigo de las mil horas de espera… Para qué seguir esperándote si el tiempo no espera a nadie, Para qué pensar en ti, si tú no piensas en mí.

La soledad ya no me asusta, me atemoriza más estar rodeada de tanta hipocresía humana. Quise calmar mis angustias en  tus brazos, pero aún estás lejos, inalcanzable te siento. Acompañada por unas cuantas bocanadas de humo, viendo la culminación del sol, cada vez más cerca de caer la noche. Es aquel espacio cósmico para renacer en medio de un festín de letras.

 

Tengo miedo de continuar queriéndote como te quiero y al mismo tiempo queriéndome menos.

Tengo miedo de acumular sueños, verlos rotos y destrozados en el suelo.

Tengo miedo perderme al seguir tus pasos.

Tengo miedo de no encontrarme por andar entre suspiros buscando tus rastros.

Tengo miedo de pausar mi vida, verla destruirse en pedazos, ¿a causa de qué?  Es la pregunta que retumba en mi desquiciada cabeza.

Tengo miedo de embrutecerme con unas cuantas botellas de whisky; intentando escapar de la realidad, cuando es ahí  que más cerca estoy de ella.

Tengo miedo a todo menos de morir. Al final será la bella muerte, el único refugio perpetuo donde las verdades saldrán a la luz ante mis ojos desbastados de tantas mentiras terrenales.