Levantarse y beber café

Levantarse, beber un poco de café. Escuchar los pájaros trinar y sentir el cuerpo pesado al caminar. Hay un sol resplandeciente afuera y las ganas de dormir siguen plenas. Los minutos golpean en la cara, sin embargo hacer caso omiso al tiempo es la solución al problema. Las manos tiemblan, la respiración se agita, los ojos son dos grandes charcos y en el pecho hay una herida que nunca cicatriza. La boca del estómago trata de digerir lo que pasa por la mente, pero es inútil no hay respuesta que pueda aliviar tanta angustia. La cabeza es un torbellino de pensamientos vanos, ni los gritos ayudarían a calmar la zozobra de no existir.
Es esa existencia la que no da tregua, es una pelea desgastante que va carcomiendo la vida. Cada instante es más tedioso respirar y las malas ideas aparecen sin refunfuñar. 
Llega la tarde, alguien pregunta: ¿Cómo está?, a nadie le importa la respuesta, sólo quieren oír la verdad más conveniente. El silencio acompaña la velada y el atardecer se viste de gala. Muere el sol otra vez y muere el alma cansada también. 
La noche trae su fortuna, es un reto sobrevivir a ella. Los demonios mentales se desatan y la lucha parece eterna. Una, dos, tres de la madrugada, el insomnio es un búho que cuida la tristeza.

Con suerte mañana se levantará y beberá café.

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Los Dos

Todo estaba entredicho, las palabras eran ecos que retumbaban en los oídos, cada frase parecían balas  que se clavaban en el pecho. No hubo tiempo para decir adiós ni un hasta luego, todo pasó tan rápido que las miradas hablaban por si solas, mientras los labios temblaban de cólera y el corazón latía bruscamente. El daño estaba hecho y no había remedio para el dolor.
Sus ojos se enrojecieron y de ellos brotaron lágrimas sin esfuerzo, sus manos se encogieron de la rabia y cientos de puños destrozaron la pared. Quiso salir corriendo, pero su furia no se lo permitió. En esa habitación estaba su vida, sus sueños, su juventud; estaba el tiempo, las noches de lujuria y las mañanas de amor. Quería matarla, destrozarle el cuello o clavarle un cuchillo, todo eso pasó en un micro-segundo por su jodida cabeza… ella solo sonreía de temor. Quiso matarla, mas no lo consiguió, él la adoraba, ella era su reina, su fortuna y bendición. Quiso besarla de nuevo, hacerle el amor, pero ella solo gritaba: «vete, ya no te amo. Ya tengo un nuevo amor»
Él no lo comprendía, no sabía cuándo, cómo ella lo había dejado de querer. Sin embargo él se estaba engañando a sí mismo, él sabía exactamente la hora, el lugar y el momento en que todo se había ido para el carajo. Ya no cabían más las promesas en su boca, los hechos demostraban otra cosa y justo ahí ella lo dejó. Se cansó de sus juegos, de sus imbecilidades y su falta de carácter. Ella lo amó con su vida, pero se dio cuenta que amar no es suficiente, no se puede entregarlo todo y quedarse con las manos vacías.

Llegó la desazón a buscar refugio en medio del caos que concierne a los dos. Dos almas rotas, dos caminos divididos y un amargo adiós para un amor golpeado, ultrajado por la deslealtad de uno de los dos. 

He visto el diablo

Lo he visto en todo su esplendor, con las manos en la masa y pisoteando las bondades. Lo he visto celebrando las injusticias, robando el dinero a los más necesitados; aplaudiendo la corrupción mientras su boca alardea lo contrario. Lo he visto hablando de Dios, predicando su palabra mientras viola niños sin piedad; se jactan de honrar al creador y no son más que almas putrefactas, consumidoras de ingenuidad. Cuando las madres abandonan a sus hijos, cuando los padres los niegan, aun sabiendo que son parte de ellos, ahí lo he visto… Cuando tu peor enemigo es tu familia, y son ellos lo que atentan contra tu vida sin importar las consecuencias, ahí he visto el diablo. Lo he visto apoyando las desigualdades sociales, lo he visto disfrutando asesinando mujeres; se excita con el sufrimiento de otros y se enorgullece de pasar por encima de todos con tal de conseguir lo que quiere. Lo he visto masacrando pueblos enteros, promulgando guerras, destrucción y muerte ¿A cambio de qué? Del maldito dinero que trae consigo el poder.

Lo he visto en mí, cuando siento envidia. Lo he visto en ti, cuando haces daño desmesurado. Lo he visto en nosotros, cuando mentimos y engañamos a los que queremos. Lo he visto en ellos, cuando aparentan ser lo que no son y ocultan su verdadero «yo». He visto el diablo en todos, porque no hace falta buscar afuera, aquello que habita naturalmente en nosotros. —la maldad

Perversa Oscuridad

Cae la noche. Se siente el frío de la soledad. Se humedecen mis labios. El ambiente a mi alrededor es tibio. El espejo que está al frente mío deja ver mi realidad, aunque a simple vista no veo lo que soy pero si veo lo que puedo ser…

Veo una mujer con dos piernas firmes, acordes a su cadera, que hace juego con su delicada cintura. Centro mi mirada en sus dos pechos perfectos a la medida de sus dos manos; redondos. Su piel es blanca, su cuello deja ver lo bien acomodados que están sus hombros en su cuerpo. Su cara está esplendida y su mirada fija en el espejo, en donde se ven las pupilas dilatadas del placer que le causa verse desnuda. Es ahí, justo en ese momento cuando un suspiro hace su tarea y requiere toda su atención. No tengo otro remedio que observar la boca. No es tan grande ni tan pequeña. Dos labios sumergidos en medio de una sutil y fina lengua que, cuando se estira se ve lo larga que ésta puede llegar a ser.

La ventana de la habitación está abierta. Es inevitable no erizarse a causa de la brisa fría que la abraza en medio de la noche, la oscura noche. Lentamente su pelo se balancea sobre su cara, es largo, con ondas, colorido, muy colorido. Al lado de su espejo hay una mesita. No hay mucho sobre ella: la acompaña una caja de cigarrillos medio vacía y una botella de whisky. —Llegó la hora de fumar la soledad y beberme mis dudas — Dijo aquella mujer con una voz tímida pero segura de sí misma—. Prendió un cigarrillo y se sirvió un trago de whisky.

Se fumó su soledad y aclaró sus dudas. Es normal que apenas se aclare una duda, aparezcan otras. Así que no tuvo más remedio que acabarse toda la botella. Desnuda y con ganas de beberse al mundo. Se dirigió a su ventana, esparció el humo hacía la calle y respiro el frío aire de la madrugada, cerró sus ojos y le estiró sus brazos a la noche.

Se escuchan unos gemidos. Ella sólo sonríe, aún tiene los ojos cerrados y su sentido auditivo se agudiza en aquellos fuertes gemidos, llenos de placer. Le excita oír, sin duda lo está disfrutando, despacio, muy despacio abre sus ojos, en el basurero al frente de su casa, hay una pareja. Follan sin piedad y sin permiso, sin asco y sin razón alguna, solamente follan. Su mirada está fija en ellos, no puede dejar de verlos, sin temor a que la vean, abre más su ventana y se sienta en el borde a ver el acto, sin pena. No tiene ningún prejuicio, las artes amatorias hacen parte de ella, son ella.

La perversión está en su punto. Hay gritos, hay gemidos y hay miradas, miradas ocultas, no tan ocultas que se excitan con ver y no tocar. El orgasmo simplemente es la señal, el conducto de placer que hace ver mi realidad, mi pervertida realidad.

Petra

Ella, la aventurera, sonriente y astuta; pasa desapercibida por la vida de todos. Ella, la histérica, arrogante y algunas veces patética; corre riesgos de morir en uno de sus enojos. Ella, la soñadora, risueña y persistente; traza metas inalcanzables, logrando cumplirlas hasta que sangran sus ojos.

Pequeña, frágil y encantadora. Atrapa a los hombres con su cautivadora mirada, invitándolos a observarla, más no a ser parte de ella. Solitaria va ella, pagando karmas ajenos a su voluntad; sumergida en dicha soledad, afronta la realidad: es mejor vivir con un corazón herido, que no haber probado los manjares agridulces del amor.

De aquel dolor inesperado, nace la fuerza, la virtud de seguir caminando por el sendero de espinas aclamado vida. Porque se vive una sola vez y se muere mil veces en cada paso dado. La decepción acompañada del duelo insano, es la droga que ingiere la esperanza causando una muerte temprana que renace con Ella en cada mañana.

Ella conoce los vestigios de la sensualidad, revoluciona su genuino  e insaciable placer  convirtiéndola en una mujer segura de sí misma. Petra, la apasionada, fina y sencilla dama que se desvela por los pequeños detalles, riendo culto al fuego que Dios le proporcionó para salvar o hundir a sus amores.

Su anatomía es producto de la copulación entre el mal y bien; belleza seductora que hasta el Diablo le teme a Petra. Transfigura los sentidos de los mortales, sin arriesgar a perder la poca razón que habita en ella.

Los miedos se rinden ante Ella. Noches enteras son testigos de sus tibias lágrimas que anuncian la deseada victoria de todas las batallas conquistadas, batallas consumadas en el interior de Ella, aun así, hay motivos para reír y brillar en la inmensa oscuridad que mora alrededor de una mujer llamada Petra.

Hoy no te miro

Hoy no te miro, ni te escucho, no te abrazo ni te sostengo, no hay equilibrio en mi cuerpo que hasta un soplo me tumbaría al suelo. Mis lágrimas saladas se desbordan sobre mi estúpida cara. Suena What Do You Want For Me? de Pink Floyd .

 ¿Cómo haces para caminar sobre un muro sin esperanzas?, ¿cómo sonríes con el peso de la tristeza a tu espalda?, ¿Cómo sabes que estás viviendo?, Tu alma está agonizando, tal vez tu cuerpo aún dé señales de vida pero ella está sobre un hilo, la bella muerte anda rondándote. La muerte es un cuervo que te acecha, hambrienta, esperando hasta tu último suspiro. Lo único que te acompaña esta noche es un charco de sangre que cubre tus esbeltas piernas, ¿Crees en Dios? Más vale que no, porque no habrá ninguno que te salve.

Lo único que te va a follar es el frío que está tan penetrable como aquella verga que solías amar. Son tus sucias lágrimas, las únicas que te van acompañar. Te refugiaras en los brazos de tus desgracias.

Prendes un cigarro, te fumas tu vida, en cada “plon” hay desdichas, hay dolor y arrepentimientos que no te van a llevar a ningún lado, más que clavártelo en tu mano izquierda. Al final no duele ni te alivia.

La madrugada no es tan oscura comparada con tu aura. Suena Epitaph de King Crimson; cargas toneladas de fracasos y logros sin fundamento gracias a la puta ambición que siempre fue tu aliada. ¡He aquí la bestialidad hecha hombre!

¡Te estoy hablando a ti,  A ti, que estás al otro lado del espejo, mirándome como si no fuera contigo!, No te creas tan importante, no eres la gran cosa, sólo eres una mala cosecha de lo que sembraste.

No llores, déjame lamerte la cara, sólo estamos tú y yo. El espejo lo único que nos separa. Mi peor castigo es tener que mirarte y saber que no eres alguien más… soy yo.