Microcuento: La Decepción

Era inminente su desfachatez que me senté en la orilla de las sombras, a esperar su demente sonrisa en frente de mi rostro. No quedaban esperanzas, la luz natural se estaba marchitando con el paso de las horas. Ni los eternos suspiros pudieron contrarrestar el sabor amargo de la demora. Quise salir corriendo, renunciar a los intentos pero fue inútil, preferí aguardar la decepción. Sin armadura y con la frente en alto. 

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Microcuento – El Puñal

El miedo se tragó sus palabras 
no quiso arriesgarse a nada,
pudo más su soberbia
el ego sobrepasó su cabeza
ahí estaba ella, 
abriéndole los brazos
y él no quiso verla,
se negó a hablarle 
no quería hacerle daño
pero, el daño ya estaba hecho.
Su indiferencia fue el puñal
rastrero que acabó
con la poca fe
que habitaba en ella. 

Microcuento — El Ciego

La virtud del ciego que no quiere ver, es su infelicidad. Conoce su realidad, todos los días la palpa, pero prefiere vivir en la mentira. No padece ningún trastorno mental, sin embargo crea un mundo donde todo se rige por su ridiculizada ironía. Tiene un absurdo enojo con la sociedad, condena la opinión de otros y en fondo su opinión es la que menos sentido tiene. Se le hinchan las bolas del resentimiento, odiar le resulta más fácil que perdonar; sabe que está vivo porque escucha su corazón palpitar y tiene la sangre fría para disparar a quemarropa. Este es El Ciego que todo lo ve, que todo lo sabe y el que todo lo hace. No tiene reparo para causar daños, el caos proviene de él, transpira desazón en su hablar. Cada palabra que vocifera es un arrebato de falta de atención. En el día ríe a carcajadas, en las noches llora en posición fetal. Vive rodeado de gente, pero su soledad es notoria, sólo es un pobre idiota sin carácter. ¡Vean todos este es El Ciego patán! Podrá tener un pito entre las piernas pero falta mucho para ser un hombre de verdad.

Rimas.

Un microcuento en forma de rimas.

Mis poemas de amor volverán cuando me vuelva a enamorar. Tampoco tengo afán, ni me urge marido encontrar. No busco lo que no se me ha perdido, vivo mi presente, disfruto el día a día, sin apuros, ese es mi destino. Ay, el amor, el amor… ¡Qué lindo es enamorarse! Pero más lindo es vivir tranquilo. De esta absurda rima, yo sé que no tiene ningún sentido, pero no me puedo quejar, es divertido. Estoy improvisando y las letras han llegado, hoy no tengo versos de amor, ni ganas de escribirle al desamor. Eso ya me hartó, y mi vida otro rumbo tomó. Gracias a los que me leen, benditos los que me comentan, ojalá no se vayan a enojar por hacerlos leer esta mierda. Perdón, pero no encontré otra palabra adecuada, seguiré haciendo poemas, así muchos digan que no tengo idea.

¡Saludos!

Microcuento — 3:00 AM

Has venido otra vez y la verdad que esta vez no te esperaba. Vienes tan campante, después de escaparte por una larga temporada; en busca del cálido refugio que te brinda mi almohada. ¿Qué creíste? ¿Qué te esperaría con los brazos abiertos? Escupo en tu cara, te maldigo mil veces. Sólo cuando estás aquí, yo soy infeliz, sólo cuando estás presente, mi vida es gris. No pierdas el tiempo conmigo, busca en otra cama consuelo alguno. ¿La energía de los demás no te basta? Siempre apareces de madrugada. Quieres que te escuche, quieres que te hable y yo, yo sólo quiero dormir. Por tu culpa no concilio el sueño, y me haces despertar malhumorada. Ya basta de tus jueguitos, mejor vete, aquí no eres bienvenido. ¿Qué pasa? ¿No entiendes? Tú y yo no somos compatibles. Tú me odias, y yo te odio Insomnio, mil veces te odio.

Microcuento: Mal-viaje en las venidas

Otra noche más sentado en el bar, sin la más remota idea qué falda se enrollará en sus sábanas. El recuerdo de su amada lo estaba matando. Ahogaba sus penas en el alcohol, aspiraba esperanzas blancas y hundía el pito en coños de alquiler. En ese intento de olvidarla, pensaba que correrse dentro de ellas iba a aniquilar el vacío de su partida, y en ese instante entendió: de nada sirve follar con el corazón hecho trizas, si en cada venida ella estaba en su mente.

Microcuento: Sin salida

Ella sabía que era la última vez que lo iba a mirar a los ojos. Sabía también que no volvería abrazarlo, ni sentir su respiración en cada beso. Él no la volvería a mirar con amor y la confusión empañaría el destino de ambos.
Ella sabía que no podía seguir ocultando la verdad, esa mentira la estaba dejando sin aire, sin vida. Él sabía que algo no estaba bien y preguntó: ¿Qué nos pasa? Ella sin más remedio le dijo: hace rato dejó de pasarnos.