Luna, la luz que necesité.

Yo también silencié palabras que quise gritar alguna vez,
derramé lágrimas saladas sobre mis mejillas 
mutilé mis buenas intenciones y maté mis ilusiones.
Rasgué mis vestiduras en los momentos de cólera 
renuncié a mis principios, yací perdida en mi mundo;
me entregué a la bohemia/ 
transporté mi alma a la locura/
hice del whisky el agua de vida/
y mientras todo daba vueltas a mi alrededor
serpenteaba el humo hacía la confusión.
Sin embargo…
Nunca fue tarde para entender
que en las noches más oscuras
la luna seguía alumbrando mis senderos. 

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El Lado Oscuro de la Luna

La noche desborda una desazón, una aventura pagana; almas sin escrúpulos que luchan por sobrevivir entre esta mierda redonda que tenemos por mundo. La luna, que es la puta perfecta acobija esta noche tan fría y solitaria. Lujuriosa y muy cabrona ella, brillo sublime que atormenta a cualquiera, haz de esta pobre alma sin esperanzas uno de tus escritores malditos, esclavos de amor… amor profano que incauta seres indoloros, llenos de ataduras a sus espaldas, cargados de desasosiego por sus vidas, vidas perpetuas de sufrimiento consumadas en su andar, pies cansados de marchar por sendas sin retorno; ¿No te cansas, luna, de ver a tanta porquería junta? Yo no me canso de verte, porque al menos tú me escuchas, escuchas mis lamentos, mis fracasos y mis desamores. Tú y la noche son mis amantes empedernidos, hacen un trío perfecto con mis malos pensamientos. Voy a eyacular sobre ustedes dos, mis perturbadoras ideas, ideas que se esfumarán antes del amanecer…

Soy cobarde, le temo a la mañana, al ver el sol resplandeciente que se asoma por mi ventana pierdo la brújula de mi vida y solo espero que anochezca para poder tener un poco de paz. En la oscuridad hay autenticidad, ganas de ejecutar lo imposible; la noche hace perder la poca cordura que queda en el interior. Lo racional es tan cuadrado, tan perfecto… que aburre, adormece la esencia del ser. El “YO” racional, deprime, fragmenta la vida, reprime las emociones que se obtienen en el momento de euforia que la locura obsequia.

La noche sabe de mí, lo que yo sé de ella, captura mis aberraciones y las emancipa a su antojo, al fin y al cabo es mi ramera, mi sucia ramera, que enciende la pasión mi alma rota y perdida. Tú que estás leyendo esto, cuando me quieras encontrar, no me busques, te veré en el lado oscuro de la luna.