Midnight In Paris – El consejo de Ernest Hemingway.

Se podría decir que esta película es una de mis favoritas. No le encuentro
nada malo, para mí es perfecta. 

A continuación una de las escenas más memorables:

Midnight In Paris – Woody Allen

–¿Qué escribe?
– Una novela 
– ¿Sobre qué?
–Sobre un hombre que trabaja en una tienda de nostalgia, ¿sabe?
–¿Qué mierda es una tienda de nostalgia?
–Un lugar donde vendes cosas viejas. Memorabilia. Y resulta que… 
¿Suena muy horrible?
– Ningún tema es horrible, si la historia es verdadera. Y si la prosa 
es limpia, y honesta y si manifiesta… valor y elegancia bajo presión.
–Oiga, quisiera pedirle el mayor favor del mundo
–¿Qué es?
–¿Podría leerla?
–¿Su novela?
–Sí. Tiene 400 páginas y estoy buscando, busco una opinión.
– Mi opinión es que la odio
–Pero si ni quisiera la ha leído
–Si es mala, la odio. Odio la mala literatura. Y si es buena, la envidiaré 
y la odiaré más. No pida opinión de otro escritor.

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“Incesto: diario no expurgado” – Anaïs Nin

Fragmentos: 

12 de Marzo de 1933.

“Artaud… la cara de mis alucinaciones. Los ojos alucinados. Los rasgos angulosos, tallados por el dolor. El hombre soñador, diabólico e inocente, frágil, nervioso, potente… Realmente es un hombre alucinado y alucinante… es un decadente quebrantado y tembloroso, otro “decadente entusiasta”… opio, quizá. Sus ojos trascienden lo que miran. La cara demacrada, la malicia, la pasión, la violencia.”

[…] 8 de Junio 1933

Sabía que Artaud era un loco enfermo y atormentado, sentía interés por él, pero no un interés humano; y él, tan morboso e inestable, quería el trofeo que , sabía, reclamaban Allende, Henry y Eduardo, y lo quería todo para sí… no sé porque. Sentados en el Coupole, nos besamos y traté de demostrarle que era sincera, que era un ser dividido, que eso no era un juego sino una tragedia… porque no podía amar imaginativamente y a la vez humanamente. Y poco a poco la historia de mi “locura”, tan semejante a la suya, lo conmovió… Porque los seres humanos le parecen espectrales y él teme  la vida, duda de ella. Dice que lo fascinaban mis deslizamientos, mi lucidez, mi vitalidad… que era la serpiente emplumada… víbora y ave…

[…] 8 de Junio 1933

Sé que me veo arrastrada a esta impasse una y otra vez, y que enfrento el mismo desenlace, la posesión física.; y que no me interesa ala posesión física sino el juego, como el sucede a don Juan, el juego de la seducción, de enloquecer al otro, de poseer a los hombres, no solo físicamente sino también sus almassoy más absorbente que las putas.

[…] 8 de Junio 1933

Juego con el sexo, pero también con las almas, las imaginaciones. Una puta es una puta honrada. Yo seduzco los cuerpos y las almas de los hombres, juego con cosas serias, sagradas. Como dijo Henry, amo el sacrilegio. Soy una nueva clase de hechicera. Los hombres de vida seria, profunda, los que no caen en las redes de las putas, los hombres menos sometidos a la voluntad femenina: he ahí los hombres que poseo. Soy un veneno que no se limita a atacar la carne, sino que penetra hasta fuentes más profundas.

[…] 8 de Junio 1933

Vi a Artaud apresado por la sacerdotisa inca, por la serpiente emplumada, por las plumas y la fluidez, la astucia y la ternura.

       – Tan frágil y suave –dijo. Y me miro con ojos absolutamente trastornados. Absolutamente trastornados.

            -La gente cree que estoy loco –añadió.

En ese momento sus ojos me dijeron que efectivamente lo estaba, y amé esa locura. Al mirar los bordes ennegrecidos por el láudano, una boca que no quería besar…, y supe que otra vez me atraía la muerte, siempre me atraía la muerte, hasta el fin, las culminaciones, las locuras. Ser besada por Artaud era ser envenenada; conocía esos estremecimientos de una vida espectral y me sorprendía que Artaud me considerara tibia y carnal…

            -No esperaba encontrar mi locura en ti –declaró.

Hablaba como un poeta y yo reía al pensar en mi avidez de poesía. ¿Estaba ahí con Artaud porque vertía poesía; porque creía en la magia; porque se identificaba con Heligábalo, el emperador romano demente; porque su teatro, sus obras y su ser estaban entrelazados; porque en el taxi hablaba como Hamlet y se apartaba el pelo de la cara aterradoramente mojada y demacrada? Ha atrapado mi imaginación. La domina; camina, habla, lee, evoca momias, decadencia romana, drogas, locura, muerte. Y yo trataba nuevamente de entrar en una experiencia, atravesarla sin entregar mi yo, y era cada vez más difícil… penetro con cautela en las regiones fantásticas de Artaud, y él también pone sus manzanas torpes sobre mí, sobre mi cuerpo y, como la mandrágora al roce de la mano humana, doy alaridos.

 

El Túnel – Ernesto Sabato (Fragmento)

“Fue una espera interminable. No sé cuanto tiempo pasó en los relojes, de ese tiempo anónimo y universal de los relojes, que es ajeno a nuestros sentimientos, a nuestros destinos, a la formación o al derrumbe de un amor, a la espera de una muerte. Pero de mi propio tiempo fue una cantidad inmensa y complicada, lleno de cosas y vueltas atrás, un río oscuro y tumultuoso a veces, y a veces extrañamente calmo y casi mar inmóvil y perpetuo donde María y yo estábamos frente a frente contemplándonos estáticamente, y otras veces volvía a ser río y nos arrastraba como en un sueño a tiempos de infancia y yo la veía correr desenfrenadamente en su caballo, con los cabellos al viento y los ojos alucinados, y yo me veía en mi pueblo del sur, en mi pieza de enfermo, con la cara pegada al vidrio de la ventana, mirando la nieve con ojos también alucinados. 
(…)
A veces volvía a ser piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba del otro lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad.
(…)
Yo no decía nada. Hermosos sentimientos y sombrías ideas daban vueltas en mi cabeza, mientras oía su voz, su maravillosa voz. Fui cayendo en una especie de encantamiento. La caída del sol iba encendiendo una fundición gigantesca entre las nubes del poniente. Sentí que ese momento mágico no se volvería a repetir nunca. -Nunca más, nunca más- pensé, mientras empecé a experimentar el vértigo del acantilado y a pensar qué fácil sería arrastrarla al abismo, conmigo. “

El Lado Oscuro del Corazón –Película–

Poemas

Espantapájaros 1 (Oliverio Girondo) 

No sé me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Ésta fue —y no otra— la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa. ¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?

¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres.

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. “¡María Luisa! ¡María Luisa!”… y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…, aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes la de pasarse las noches de un solo vuelo!

 Después de conocer una mujer etérea, ¿Puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

 

Espantapájaros 18 – Oliverio Girondo

Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto. Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando. Llorar como un cacuy, como un cocodrilo… si es verdad que los cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar. Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca. Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

 

Uno de los fragmentos favoritos de la película.

 

– Es muy difícil.
– ¿Qué?
– El amor. ¿Cómo amar sin poseer? ¿Cómo dejar que te quieran sin que te falte el aire? Amar es un pretexto para adueñarse del otro, para volverlo tu esclavo, para transformar su vida en tu vida, ¿cómo amar sin pedir nada a cambio, sin necesitar nada a cambio?
– Si no hubiera pasado el tiempo, sentiría que me estás haciendo un reproche. Pero en realidad creo que estás asustado y si estás asustado es porque algo fuerte te está pasando. Casi siempre el error que cometemos, es pensar sólo lo que nos pasa a nosotros, nos parece tan importante eso que sentimos, que nada de lo del otro puede ser tan importante como eso que sentimos, y esa contradicción suele ser trágica.
– Si no hubiera pasado el tiempo, pensaría que estás siendo autocrítica.
– Es el error más común que cometemos todos, es querer que el otro sea como queremos que sea y no como es. Y cuando nos damos cuenta del error, a veces es demasiado tarde.