No hay poema más bello

Me aferro a tu desnudez como un ciego que no puede ver,
palpando todo ese terreno desconocido por los dioses;
tu figura se desdibuja ante mis ojos
y mis manos juguetean con tu rostro.
Mis dedos cálidos, torpemente entran a tu boca
hay un festín de obscenidad,
tu saliva adormece mis ganas.
Cuánta verdad oculta hay en tus besos
cuánta es mi necesidad por morar en ellos;
tu piel es el refugio de mis versos
y no hay poema más bello que mutar en tu cuerpo.
Bañados en sudor, huyendo del tiempo
siento tu virilidad sobre mí
¡Y tiemblo!
Yace mi voluntad en tu lecho
Yace tu deseo en mis pechos.
Y no hay poema más bello que revivir este encuentro.

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Salvajes

Horda de impulsos brillan en el ocaso
En este eclipse de placer, 
caen fundidos nuestros cuerpos.
Talla la saliva en los hombros
rozan los dientes contra la piel
       —muérdeme despacio—
Arranca la pureza que existe en mí.
Juego de miradas, rogando penitencia
risas fugaces clamando obscenidad
       —cómeme la boca—
Mana el sudor por el cuello
rebobinando hacia los pechos
lascivos son nuestros besos,
no existe Dios, no existe Lucifer
tiembla la tierra al unir nuestros sexos.
      —Bebe de mí, Bebo de ti—
No existe la gravedad
cuando recorro tu humanidad
Perder el control es adictivo
al hacer contacto con mis vicios.
Salvajes somos, primitivos desde el principio
no hay reglas en este laberinto
donde la sal germina entre leche y miel 
y los espasmos fulminan las ruinas. 

 

 

 

 

Perversa Oscuridad

Cae la noche. Se siente el frío de la soledad. Se humedecen mis labios. El ambiente a mi alrededor es tibio. El espejo que está al frente mío deja ver mi realidad, aunque a simple vista no veo lo que soy pero si veo lo que puedo ser…

Veo una mujer con dos piernas firmes, acordes a su cadera, que hace juego con su delicada cintura. Centro mi mirada en sus dos pechos perfectos a la medida de sus dos manos; redondos. Su piel es blanca, su cuello deja ver lo bien acomodados que están sus hombros en su cuerpo. Su cara está esplendida y su mirada fija en el espejo, en donde se ven las pupilas dilatadas del placer que le causa verse desnuda. Es ahí, justo en ese momento cuando un suspiro hace su tarea y requiere toda su atención. No tengo otro remedio que observar la boca. No es tan grande ni tan pequeña. Dos labios sumergidos en medio de una sutil y fina lengua que, cuando se estira se ve lo larga que ésta puede llegar a ser.

La ventana de la habitación está abierta. Es inevitable no erizarse a causa de la brisa fría que la abraza en medio de la noche, la oscura noche. Lentamente su pelo se balancea sobre su cara, es largo, con ondas, colorido, muy colorido. Al lado de su espejo hay una mesita. No hay mucho sobre ella: la acompaña una caja de cigarrillos medio vacía y una botella de whisky. —Llegó la hora de fumar la soledad y beberme mis dudas — Dijo aquella mujer con una voz tímida pero segura de sí misma—. Prendió un cigarrillo y se sirvió un trago de whisky.

Se fumó su soledad y aclaró sus dudas. Es normal que apenas se aclare una duda, aparezcan otras. Así que no tuvo más remedio que acabarse toda la botella. Desnuda y con ganas de beberse al mundo. Se dirigió a su ventana, esparció el humo hacía la calle y respiro el frío aire de la madrugada, cerró sus ojos y le estiró sus brazos a la noche.

Se escuchan unos gemidos. Ella sólo sonríe, aún tiene los ojos cerrados y su sentido auditivo se agudiza en aquellos fuertes gemidos, llenos de placer. Le excita oír, sin duda lo está disfrutando, despacio, muy despacio abre sus ojos, en el basurero al frente de su casa, hay una pareja. Follan sin piedad y sin permiso, sin asco y sin razón alguna, solamente follan. Su mirada está fija en ellos, no puede dejar de verlos, sin temor a que la vean, abre más su ventana y se sienta en el borde a ver el acto, sin pena. No tiene ningún prejuicio, las artes amatorias hacen parte de ella, son ella.

La perversión está en su punto. Hay gritos, hay gemidos y hay miradas, miradas ocultas, no tan ocultas que se excitan con ver y no tocar. El orgasmo simplemente es la señal, el conducto de placer que hace ver mi realidad, mi pervertida realidad.

Onanismo de amor

No tengo infinidad de versos para ti, porque no existen palabras que describan el fuego que enciendes en mí, ese deseo que arde en mi piel, que purifica mi alma cada vez que te veo o apareces en mi morbosa mente.

Te desnudo con mis palabras, te acaricio con mi aliento, te beso con mis ojos y te amo con mi cuerpo. Soy demasiado torpe para escribir sobre el amor, pero lo que no sé, me lo invento y lo que sé, lo divulgo ante la multitud.

Si es necesario gritar a tres, cuatro, cinco o miles de vientos, lo hago pero prefiero decírtelo en silencio, sin utilizar una sola palabra, sólo basta con que me mires a los ojos y ahí encontrarás todo el amor en mí.

Estoy aquí, entre mis sábanas, intentando no desgastarte tanto con mis pensamientos pero eso es en vano, la radio me traiciona y se escucha de fondo “Real love” — de los Beatles — y es imposible no recordarte, no imaginarte junto a mí, en esta habitación, dónde mi deseo es tu deseo, donde mi carne es tu carne, y mis orgasmos son tus orgasmos.

Intento no acariciarme, no desbordar mis manos sobre mi dulce piel, pero no puedo evitarlo; cuando me toco, pienso en ti, en cómo sumergirías tus manos sobre mi cuerpo, tu lengua sobre mi cálida piel y tu sexo dentro de mis piernas. Pierdo el control sobre mí y me dejo llevar por lo que siento, mi corazón late con fuerza, mis piernas tiemblan, mis ojos se nublan y mi mente queda en blanco y es así como siento el furor del orgasmo que lleva tu nombre, llegar.

Te deseo, eres mi sueño hecho realidad…Soy tu deseo, tu fantasía real.

 

 

Escrito: Septiembre 2013