Microcuento: La Decepción

Era inminente su desfachatez que me senté en la orilla de las sombras, a esperar su demente sonrisa en frente de mi rostro. No quedaban esperanzas, la luz natural se estaba marchitando con el paso de las horas. Ni los eternos suspiros pudieron contrarrestar el sabor amargo de la demora. Quise salir corriendo, renunciar a los intentos pero fue inútil, preferí aguardar la decepción. Sin armadura y con la frente en alto. 

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La botella

En una copa de vino
Sumergí mis penas,
Yace en ella
La lucha de mis días.
Perderme en dos sorbos
No fue a propósito
Y este insomnio
Me pesa en los hombros.
Cansados están mis ojos
De ver tantas decepciones
Juntas.
Ya debería estar acostumbrada
Pero los engaños se perfeccionan
Y las ilusiones crecen todos los días.
Qué fácil es embrigarse
Qué difícil es detenerse
Sin haber empezado,
Y mi mirada está en la botella
Y el vino en mi garganta seca
Y la noche apenas comienza
Y los pensamientos adornan
Mi cabeza.
Debería dormir sí…
Lo haré, cuando acabe la botella.

Ilusiones

Alimentar las ilusiones es un trabajo arduo. Y es que es imposible no ilusionarse, porque los sueños viven de ellas. La esperanza florece en el pecho, confiar es el verbo aliado. No hay tiempo para ejercer el derecho a dudar. Sentir que todo va a salir bien según el plan. La sensación de alegría que brinda la ilusión, es el maquillaje perfecto de lo quejumbrosa que resulta a veces vida.

Las promesas idolatran a la ilusión, son unas alcahuetas. Muchas de ellas quedan en el papel, o se disipan en el aire, pero yacen tatuadas en el subconsciente; Los ojos son testigos del crucial manifiesto y es el llanto, el fin que justifica lo que no se cumplió.

Acongojada se encuentra el alma, de haber perdido la batalla contra la ilusión. Frustrada está la razón, de no encontrar explicaciones reversibles. El cuerpo entumecido, va siendo embestido una y otra vez por las decepciones. La decepción es esa gota que rebosa del vaso. Es ese fósforo que inicia un incendio; es un dolor intenso que va comiendo poco a poco las entrañas.

¿Hay vida después de una decepción? Sí. Aunque no es fácil volver a entregar la confianza pero las ilusiones son esas flores que brillan en la primavera. Florecen, mueren y reaparecen otra vez.