Náufragos

Náufragos somos todos
los que andamos contando las horas en el reloj
su tic-tac adormece el ruido exterior;
estamos condenados como ángeles sin alas
cayendo en el abismo, perdidos sin espíritu
respirando con dificultad
enumerando los porqué,
mientras ellos se revuelcan en nuestra almohada.

Náufragos somos todos
los que habitamos sin culpas
no es tan difícil embellecer la mentira
en mentes borregas, carentes de luz
no es tan difícil manipularles la razón
cuando es el corazón el que manda,
no hay victoria más ponzoñosa
aquella que se endiosa sobre la gloria de los demás.

Náufragos somos todos
bestias navegando en círculos
enclaustradas por los vicios 
somos tú y yo, son ustedes y ellos
los que guían las aguas en remolinos
directo al caos. 

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El espiral

For no one, i said,

Runs Hurricane!

You lose!

Before i left…

The chaos was here.

 

En forma de espiral

Se va tejiendo

Los momentos grisáceos

Acuñados en las paredes del alma.

Gira alrededor

Buscando el zoom,

Acariciando la verdad

En el rostro que ya no está.

Ausente mirada

Brilla en su esplendor,

«No te necesito», dices al son…

Tormentoso desenlace

Hay en mi corazón.

 

Para nadie es un secreto

Que el espiral dejó de girar

Y los hilos desaparecieron

Cuando te vi crepitar.

Un llamado a la resistencia –Reflexión–

¿Cómo se recupera el tiempo perdido?, ¿Cómo seguir en la lucha cuando tus fuerzas están agotadas? Son preguntas que rebotan en mi cabeza. Quisiera cerrar los ojos y apagar mi mente, pero los murmullos cada vez son más fuertes, se escuchan los gritos de mis pensamientos; son como puñaladas que me van desangrando poco a poco. ¿Puede el olvido ayudar a perdonar?, ¿Es más fácil acostumbrarse al dolor que evitarlo? No lo sé, es difícil encontrar las respuestas adecuadas. El tiempo se disuelve al igual que el agua, es transparente, intangible, soberano. Y la impaciencia es como una bacteria que lentamente va secando el alma… Vuelve el interrogante a manifestarse, vuelven las dudas a sembrarse y no sé qué esperar de mañana, ni sé lo que sucederá en seis horas, sólo sé que sigo resistiendo. El caos a veces me nubla el raciocinio, permanecer estable todo el tiempo es una tortura cuando sabes bien, que lo que pase fuera de ti, no lo puedes dominar. Cuando toda esta tormenta pase, volveré a mis escritos viejos, seguramente me reiré o tal vez lloraré… Dejando los rencores a un lado, respirando fuerte, suspirando bonito y recordando que no hay mal que no haya podido combatir, estando al frente del cañón, aún sabiendo que podía morir y pude vencer la muerte a punta de resistencia. 

 

Siempre vuelvo al lugar donde me siento libre, donde puedo ser yo o jugar a ser otra, en la escritura.

El caos de la verdad

La fea costumbre de decir las verdades cuando nadie las ha pedido. Y es que a la gente no le gusta escuchar la verdad, prefieren vivir en un mundo edificado de mentiras con tal de no recibir bofetadas en el ego, en otras palabras: puro y sagrado masoquismo. Si de una mentira no hay quien se salve, mucho menos de una verdad que anda rondando en la superficie.
En una sociedad donde prima el engaño, es utópico encontrar personas valientes que defiendan a capa y espada la veracidad. Hay ojos que no ven, hay bocas que callan, hay silencios que abandonan y oídos infectados de falacias, viviendo en una burbuja apartada de la realidad. – «¡La verdad os hará libres!» – ¿Quién lo afirma?, Hay verdades que liberan un caos apocalíptico, hay verdades que ni el tiempo cura ni encuentran regocijo en el perdón.
Por muy hija de puta que sea una verdad, es mejor morir conociéndola que vivir en la cañería del embuste. No soporto ver a la gente riéndose y tocándote el hombro, entretanto su boca escupe mentiras disfrazadas de verdades. Comerse una mentira siempre dará indigestión y dará males en el corazón.
 ¿Se han percatado la cantidad de súbitos infartos que produce saber una maldita verdad?
¿Cómo escapar de una verdad? Imposible, al final te alcanzará y no habrá mentira que valga. Todo sale a luz y no siempre nos dará gusto o alegría conocerlo.

 

 

 

El Corte Final

Llego a la misma conclusión cuando siento que no puedo más. Los años vividos hacen denso el tiempo  y la paciencia no quiere una tregua más. Aturdido está mi cuerpo de batallar una y otra vez con los vaivenes de la vida; mi alma pide a gritos descansar. La respiración se dificulta cada vez que trato de entender el porqué. Mis emociones hablan por mí, pido ayuda… ¡¿Hay alguien ahí?!

He querido buscarme, reencontrarme pero es la tristeza la que siempre me encuentra, es como recorrer un laberinto sin escapatoria… pareciera que andar entre la mierda fuera adictivo, ¿Qué más da?  Nadie podría salvarme.

Me arrastro como una culebra hacia el caos, ¿Acaso este es otro de mis sueños locos? No lo sé, quisiera creer que no. Quisiera creer que la autodestrucción no es el camino… ¡HECATOMBE! El desastre está aquí, lo siento, lo veo venir… Derrumbarse es atractivo. Siento abstinencia si no pierdo el control, y La razón entra en mí cuando hay dolor…

El dolor es droga que  ilustra la verdad… ¿Continuar es lo debido? ¿Ponerle punto final es lo acertado?… Lágrimas saladas abundan por toda la habitación, ¿Qué haré cuando está alucinación termine? Preguntas sin respuesta, preguntas sin destinatario, ellas son las únicas que me acompañan en esta modesta soledad.

Acabaré con este sufrimiento, terminaré lo que he comenzado… Lo haré… Cuando tenga el valor de hacer el corte final. 

 

 

 

 

 

Escrito inspirado en el tema “The Final Cut” de Pink Floyd
Imagen: De la película de The Wall