Soy un instante fugaz, y puedo lidiar con ello.

Llegué al borde de la esquina y ya había transcurrido un año más. ¿En qué momento el tiempo se escurrió en mis manos? No lo sé, a veces, ni noto las manecillas del reloj moverse. He cambiado de piel, se me ha caído el pelo y me ha vuelto a crecer; lo he tenido de varios colores y aún así, está fuerte y sano. Los cambios físicos son notorios, así me vea en el espejo y diga que todavía estoy joven, pero hay momentos dónde no me reconozco.

Caminé por toda la avenida y mientras el cielo me vigilaba desde arriba, supe que ya no era la misma. Transmutar es la ley de la vida y yo quise quebrantarla, pero fue inútil. No puedes detener los cambios, ni vivir engañado. Lo cierto es que hay cambios repentinos, cambios que se adelantan al tiempo y esos son los que más se revuelcan en la cabeza y hace espuma los sesos.

Y si la muerte no es fin, ¿por qué duele verla? — pensé en voz alta— Yo no huyo de ella, ni tampoco la busco en los instantes de desenfreno, pues, desde que nací, vivo muriendo lentamente. Cada minuto, cada segundo, algo se va muriendo dentro de mí. Soy un instante fugaz y puedo lidiar con ello.

Me gustan las pinturas de Van Gogh, me gusta la belleza que había en su tristeza. Ser un incomprendido es todo un logro, —y lo digo sin ironía— pues, todos suponen mil cosas de ti y nadie, a ciencia cierta, sabe realmente qué pasa por tu cochina cabeza… y ahí estoy yo, buscando belleza en las cosas tristes, en las cosas mundanas; es un sin sentido, lo sé, pero es con justa causa.

Regresé a la casa y estando en la puerta, entendí… que en realidad no había pasado un año, sino unos cuantos más. A veces el tiempo te folla y se te viene en la cara. Y no tienes de otra, que limpiarte y seguir. Acaso, ¿Cuándo has visto que el tiempo te espera?

Daddy by Sylvia Plath

La poeta Sylvia Plath estremeció al mundo de las letras, con su sutil y voraz manera de escribir. Hoy, comparto en mi blog su poema “Daddy“, que a pesar del tiempo, sigue siendo controversial. La traducción de este poema fue realizada por el poeta español Xoán Abeleira.

You do not do, you do not do   
Any more, black shoe
In which I have lived like a foot   
For thirty years, poor and white,   
Barely daring to breathe or Achoo.

Daddy, I have had to kill you.   
You died before I had time——
Marble-heavy, a bag full of God,   
Ghastly statue with one gray toe   
Big as a Frisco seal

And a head in the freakish Atlantic   
Where it pours bean green over blue   
In the waters off beautiful Nauset.   
I used to pray to recover you.
Ach, du.

In the German tongue, in the Polish town   
Scraped flat by the roller
Of wars, wars, wars.
But the name of the town is common.   
My Polack friend

Says there are a dozen or two.   
So I never could tell where you   
Put your foot, your root,
I never could talk to you.
The tongue stuck in my jaw.

It stuck in a barb wire snare.   
Ich, ich, ich, ich,
I could hardly speak.
I thought every German was you.   
And the language obscene

An engine, an engine
Chuffing me off like a Jew.
A Jew to Dachau, Auschwitz, Belsen.   
I began to talk like a Jew.
I think I may well be a Jew.

The snows of the Tyrol, the clear beer of Vienna   
Are not very pure or true.
With my gipsy ancestress and my weird luck   
And my Taroc pack and my Taroc pack
I may be a bit of a Jew.

I have always been scared of you,
With your Luftwaffe, your gobbledygoo.  
And your neat mustache
And your Aryan eye, bright blue.
Panzer-man, panzer-man, O You——

Not God but a swastika
So black no sky could squeak through.   
Every woman adores a Fascist,   
The boot in the face, the brute   
Brute heart of a brute like you.

You stand at the blackboard, daddy,   
In the picture I have of you,
A cleft in your chin instead of your foot   
But no less a devil for that, no not   
Any less the black man who

Bit my pretty red heart in two.
I was ten when they buried you.   
At twenty I tried to die
And get back, back, back to you.
I thought even the bones would do.

But they pulled me out of the sack,   
And they stuck me together with glue.   
And then I knew what to do.
I made a model of you,
A man in black with a Meinkampf look

And a love of the rack and the screw.   
And I said I do, I do.
So daddy, I’m finally through.
The black telephone’s off at the root,   
The voices just can’t worm through.

If I’ve killed one man, I’ve killed two——
The vampire who said he was you   
And drank my blood for a year,
Seven years, if you want to know.
Daddy, you can lie back now.

There’s a stake in your fat black heart   
And the villagers never liked you.
They are dancing and stamping on you.   
They always knew it was you.
Daddy, daddy, you bastard, I’m through.

Sylvia Plath, “Daddy” from Collected Poems. Copyright © 1960, 1965, 1971, 1981 by the Estate of Sylvia Plath.

PAPI
 
Tú ya no, tú ya no
Me sirves, zapato negro
En el que viví treinta años
Como un pie, mísera y blancuzca,
Casi sin atreverme ni a chistar ni a mistar.
 
Papi, tenía que matarte pero
Moriste antes de que me diera tiempo.
Saco lleno de Dios, pesado como el mármol,
Estatua siniestra, espectral, con un dedo del pie gris,
Tan grande como una foca de Frisco,
 
Y una cabeza en el insólito Atlántico
Donde el verde vaina se derrama sobre el azul,
En medio de las aguas de la hermosa Nauset.
Yo solía rezar para recuperarte.
Ach, du.
 
En tu lengua alemana, en tu ciudad polaca
Aplastada por el rodillo
De guerras y más guerras.
Aunque el nombre de esa ciudad es de lo más corriente.
Un amigo mío, polaco,
 
Afirma que hay una o dos docenas.
Por eso yo jamás podía decir dónde habías
Plantado el pie, dónde estaban tus raíces.
Ni siquiera podía hablar contigo.
La lengua se me pegaba a la boca.
 
Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich,
Apenas podía hablar.
Te veía en cualquier alemán.
Y ese lenguaje tuyo, tan obsceno.
 
Una locomotora, una locomotora
Silbando, llevándome lejos, como a una judía.
Una judía camino de Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como una judía.
Incluso creo que podría ser judía.
 
Las nieves del Tirol, la cerveza rubia de Viena
No son tan puras ni tan auténticas.
Yo, con mi ascendencia gitana, con mi mal hado
Y mi baraja del Tarot, y mi baraja del Tarot,
Bien podría ser algo judía.
 
Siempre te tuve miedo: a ti, a ti
Con tu Luftwaffe, con tu pomposa germanía,
Con tu pulcro bigote y esa
Mirada aria, azul centelleante.
Hombre-pánzer, hombre-pánzer, Ah tú…
 
No eras Dios sino una esvástica
Tan negra que ningún cielo podía despejarla.
Toda mujer adora a un fascista,
La bota en la cara, el bruto
Bruto corazón de un bruto como tú.
 
Mira, papi, aquí estás delante del encerado,
En esta foto tuya que conservo,
Con un hoyuelo en el mentón en lugar de en el pie,
Mas sin dejar por eso de ser un demonio,
El hombre de negro que partió
 
De un bocado mi lindo y rojo corazón.
Yo tenía diez años cuando te enterraron.
A los veinte intenté suicidarme
Para volver, volver a ti.
Creía que hasta los huesos lo harían.
 
Pero me sacaron del saco
Y me amañaron con cola.
Y entonces supe lo que tenía que hacer.
Creé una copia tuya,
Un hombre de negro, tipo Meinkampf,
 
Amante del tormento y la tortura.
Y dije sí, sí quiero.
Pero, papi, esto se acabó. He desconectado
El teléfono negro de raíz, las voces
Ya no pueden reptar por él.
 
Si ya había matado a un hombre, ahora son dos:
El vampiro que afirmaba ser tú
Y que me chupó la sangre durante un año,
Siete años, en realidad, para que lo sepas.
Así que ya puedes volver a tumbarte, papi.
 
Hay una estaca clavada en tu grueso y negro
Corazón, pues la gente de la aldea jamás te quiso.
Por eso bailan ahora, y patean sobre ti.
Porque siempre supieron que eras tú, papi,
Papi, cabrón, al fin te rematé.

Traducción de Xoán Abeleira

Ella, mi soledad.

ilustración por Helena Perez Garcia | arte y dibujo, ilustraciones bonitas femeninas tristes de soledad, cool art illustration, a r t, coolstuff | iconoCero
Ilustración de Helena Pérez García

Si me concentro al recordarte
puedo sentir tu piel vibrar,
puedo sentir el latido calmado
de mi corazón lleno de amor y en paz.
Mi tiempo no se detiene y llego a la misma soledad,
agrietada, reprimida, dolida;
ella, no deja de preguntarse el por qué,
ella no se cansa de lamentar, que mi tedio
sea tan efímero y a la vez tan certero.
Ella me va apuñalando poco a poco,
sin darme tiempo de salir,
y, antes que el agua arrugue mis dedos
ella me da tiempo para respirar
los momentos que quizá siempre han
pertenecido al pasado.


Escrito por: Laura García García.


Vorágine

Y mi silencio habla cuando la noche se aproxima, siento el resplandor bautizar mi alma mientras las preguntas rebuznan, sigilosamente en mi olvido. He fallado en recodar lo que permanece muerto, he mentido al decir que no tengo miedo, pero las mentiras han perforado mi pecho y ya no queda casi nada qué reparar. Ni juntando todas las piezas, alcanzaría a construir la belleza de esta vorágine. Sé que mi tiempo no es eterno, sé que mis lágrimas nauseabundas se secarían en el mar abierto, sé que mi voz temblaría al decir lo que siento, pero el vino recita plegarias en mi boca y sin escupir una gota de remordimiento, vencí la noche mientras ella me maldecía en versos.

Cobarde una y mil veces

Me robaste los recuerdos, no se opacan solo van,
de un lado para otro preguntando,
qué será lo que piensas, lo que sientes,
¿cuándo volverás?
Dirás que es muy fuerte, pero pronto morirá
en el salón de los consejos
que ya no bailan más.
Fumo para olvidarte, pero todo sigue igual
me desestabilizas, me consumes,
¿Qué más te quieres llevar?
Acéptalo, aún me amas
¿por qué no dejarlo atrás?
Si tienes miedo, vete, es lo que mejor se te da,
cobarde una y mil veces
cobarde te quedas ya,
vivirás el mismo infierno
durante diez años más.

Escrito por: Laura García García.

La Serpiente

Veo la serpiente arrastrarse lentamente hacia mí, y sin más preámbulos la veo enrollarse en mis piernas. Su piel es densa, lisa y suave a la vez. Trato de no moverme, de convertirme en una estatua, pero ella es astuta y percibe mi miedo. Cada minuto que pasa, ella se aferra a mi cuerpo. Yo trato de pensar en otra cosa, de cerrar los ojos e imaginar que estoy en otro lugar.
Sin embargo, no lo consigo y mi mente me obliga a sentirme muy diminuta con ella. La serpiente es dominante, caprichosa y embustera. La siento apoderarse de mis caderas, no sé lo qué pretende ella, pero ya consiguió doblegarme. Yo traté de gritar, y fue inútil; mi voz se esfumó de mi garganta. Mis ojos se nublaron y ya no veo ni las sombras de las nubes. Mi respiración está cada vez más entrecortada y ella se balancea sobre mi pecho. No tengo escapatoria, ahora soy parte de ella.
Mi cuerpo se ha unido a la serpiente, ahora somos una y mi miedo se ha ido, y yo ya no me siento pequeña. No sé qué es la libertad, pero esta fusión me ha hecho participe de ella. La sangre de la serpiente está en mi sangre y mis ojos ahora son más receptivos.

Quizá he recogido la suerte que estaba echada en el piso, o al menos eso es lo que yo creo.




“Alma Desnuda”- Alfonsina Storni

Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.

Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.

Alfonsina Storni

La vérité

Je ne sais même pas comment je pourrais traiter la vérité, je ne connais pas l’issue, mais en tout cas, comment serais-je capable de partir de ma réalité sans rien dire ? L’on dirait que c’est plutôt une vertu, pourtant si nous nous taisons, nous avons beaucoup à cacher. Des fois, il me plaît de ne parler à personne. J’aime bien rester dans ma bulle et fermer les yeux. D’autres fois, je voudrais crier et parler à la cantonade ce que j’ai besoin laisser tomber. Je suis une femme faite de chaos, dans le silence de la nuit mes pensées se mélangent avec la furie de ta mémoire et au lever du soleil, j’oublie tout ce qui a perturbé mon rêve.


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Aún no sé cómo podría lidiar con la verdad, no conozco todas las respuestas, pero en todo caso ¿cómo seré capaz de irme de mi realidad sin decir una sola palabra? Se dice que es una virtud, sin embargo si callamos demasiado es porque tenemos mucho que ocultar. Algunas veces no me gusta hablar con nadie. Me gusta quedarme en mi burbuja y cerrar los ojos; otras veces quisiera gritar y hablar a los cuatro vientos lo que necesito dejar ir. Soy una mujer de caos, en el silencio de la noche mis pensamientos se combinan con la furia de tu recuerdo y al amanecer… olvido lo que me ha perturbado el sueño.

Y no es sarcasmo, ni ironía.

Sigo buscando la ocasión perfecta para entrelazar los sueños despotricados en el minibar, pero mi cabeza es inconsciente y conoce la respuesta. Tantas veces escuché un no que alucino con las nefastas propuestas. Mi intelecto naufraga sin querer y se pierde en el barco de los remordimientos. Yo juré jamás rendirme ante las nimiedades, pero a veces pierdo contra mi propia competición y sólo quisiera fugarme, caminar por ahí sin destino final, llevando un cigarrillo en la mano – y yo ya no fumo- Aún así, la vida se empeña en jugar conmigo y me hace creer que existe una mínima posibilidad para concretar algún plan. Yo me río, de mí por supuesto. Porque vuelvo a caer en sus mentiras. Las mentiras saben a verdad cuando hay esperanzas respirando sobre la nuca. Aunque ustedes no lo crean, soy optimista. En cada respiro mío hay optimismo, no hay otra manera de explicar el porqué sigo viva. Y no es sarcasmo, ni ironía. Es una verdad disfrazada de mentira.

Paz Inerte — Prosa Poética

Vi el tiempo que transcurría sin peso, como una parsimonia estupefacta. Me asusté y quise lavarme mi cara. Sentí cómo el agua escurría por mis pestañas y aún así el reloj no se movía. Demasiada quietud me estaba perturbando, sin embargo me sentía más ligera, como si fuese una hoja de un árbol. Pero si fuese un árbol sería un árbol de otoño, cuyas hojas vuelan con el viento y llegan a lugares recónditos. Sin rumbo y sin prejuicios, seguía mirando el reloj y no encuentré ningún motivo que me impulsara a distorsionar la paz. Aunque era una paz inerte, sin aliento. Una paz muerta en vida, porque en medio de mi tranquilidad había una incertidumbre que me estaba carcomiendo por dentro. Era una incertidumbre hecha gusanos, que me devoraban la boca del estómago. Esa duda pudo haberme hecho trizas, pero el reloj al fin se movió y en menos de un minuto volví a revivir el hecho. 

(Es)coger — microcuento

Tal vez todo sea cuestión de prender y apagar, de soltar o amarrar. De amores y odios, de sumar o restar, y así seguir en un bucle de escogencias, tratando de minimizar la vida a lo que dicte el dedo. Y sinceramente, desde antes de nacer estamos escogiendo, que si niño o niña, que si azul o rosado. Al decir la primera palabra, es papá o  es agua. Crecemos, y empezamos a escoger qué  nos gusta o que no nos gusta. Y ni qué hablar del sexo, si nos gusta arriba o nos gusta abajo. Todo, absolutamente todo gira entorno al verbo escoger.  Yo escojo, tu escoges, él o ella escoge, nosotros o nosotras escogemos, vosotros o vosotras escogeis y ellos o ellas escogen.

Si me caso, o mejor me quedo soltera, si le hablo o mejor espero que me hablen. Si duermo o prefiero trasnochar. Cosas tan simples como si cocacola o café, nos definen. Y no nos damos cuenta, ¿por qué? Porque desde bebés estamos  naturalizados a escoger entre el bien y el mal, y nadie nos dijo que escoger, es coger con ganas, así nos haga mal o con suerte nos haga bien, las decisiones hay que (es)cogerlas como si no existiese un mañana.

 
Y tal vez esto no tenga sentido o tal vez sea un delirio. La decisión es suya. ¿Cómo la (es)cogería? 

Jardín de gente – Poema de Luis Alberto Spinetta

Alguien debió conservar
y cuidar con amor este jardín de gente
Eso es lo que nunca será
¿Cómo harás para ver y aliviar el dolor
en el jardín de gente?
Algún acuerdo en tu alma tendrás

Y ya no sé,
si es que amanece o veo el cielo,
como un gran collage

Estás ciego al creer
que podrás evitar este jardín de gente
Con dinero no se inventa el amor, no
Ya te hartaste de frutos
y peces y panes que comes sin suerte
y el andén espera por mí

¿Y qué dirás
cuando termines el bocado
de tu propia flor…?

Oh, alguien debió conservar
y cuidar con amor este jardín de gente
A Dios nunca se le ocurrirá, no
¿Cómo harás para ver
y aliviar el dolor en el jardín de gente?
Algún acuerdo en tu alma tendrás

Y ya no sé,
si es que amanece
o veo el cielo
como un gran collage…

El collage de la depredación humana…

Jardín de Gente – Luis Alberto Spinetta

La Despedida

Ya no quiero perder el tiempo pensando en lo que nunca serás,
en lo que nunca darás.
No quiero perder mi tiempo recordando lo que fue,
ni recordar esas palabras que me dejaron en el lodo.
No quiero perder tiempo pensando en tus no me importa lo que sientes,
mientras te disfrazas de arrepentimiento.
Yo me arrepiento de ese abrazo, de ese beso de Judas que me tatuaste en la piel.
Lamento cada secreto confiado, cada vez que te dije gracias por estar
y no perdono tu falta sinceridad.
Me arrepiento de esperarte.
Duele la indiferencia de quien decide aceptar en silencio que ya nada queda.
Te odio,
Odio tu insistencia,
la necesidad de sonreírme,
de tallar en mi piel recuerdos que hieren en silencio,
que me agrietan el alma.
Y aún no lo entiendo,
no comprendo cómo no sucedió,
cómo lo permití, cómo acepté que me guiaras al cielo
en un avión con alas rotas.
Confié,
y eso es lo que no perdono.
Eras quien conocía mis heridas, y antes de curarlas las empañaste
con la sombra de quien ya no soporto ni a distancia.
No deseo que me extrañes porque sé que lo harás,
lo harás el día en que no importe más.


Escrito por: Laura García García.

La vida sigue siendo elástica

Tengo un sabor amargo que no se me va con nada. 

Camino sin saber qué me depara a la siguiente cuadra; llego al semáforo, la gente se pasa en la luz roja. Corren apresuradamente y yo permanezco inmóvil esperando el cambio de luces. Me sudan las manos, me suda la frente, el sol se ha empecinado en hacerme la cacería. Continúo sobre la marcha, quiero llegar a-no-sé-dónde, y descansar o al menos no pensar. 

Tengo una encrucijada en la espalda.

Mis ojos se llenan de agua, pero aún no ha empezado a llover. Las nubes galopan entre sí y me miran de forma desafiante. Qué sé yo, tal vez nunca han visto un ser viviente con el agua hasta el cuello. Me duele la espalda, hay unos nudos queriendo hacer catarsis, ¿Será el momento de huir? —¿De qué?— No lo sé, pero me pesa ser cada día. Los kilos de la existencia me saben a mierda, sin embargo me los como sin tantos peros todas las mañanas. 

Lo siento, no soy yo… eres yo.

Comprender la incertidumbre es acercarse más a la Soledad. Y no es del todo malo, mi soledad es esa casa que siempre quiero visitar. Me cansé de buscar todas las respuestas, si bien es cierto, ya no quiero depender de algo que sé que no va a pasar.

La vida sigue siendo elástica, tan elástica que ni yo podría estirarme tanto para tratar de alcanzarla. Aunque a veces siento que la toco, sobre todo cuando escribo. Porque al escribir, respiro y mis pesares… se relajan. 

Culpa

Te dejo volar
porque tus alas son hermosas,
perdono tu ausencia,
tu dolor es otra cosa.

Amo tus pasos
aunque se alejen de mí,
pretendo entenderte
cuando te hastías de ti.

Te veo en cada rostro,
te siento en cada esquina,
pero mi alma no lo entiende,
no eres punto de esta línea.

Anhelas esconderte,
me hieres a dos manos,
tu silencio me desgarra
y tus palabras son en vano,
tus ojos ya no brillan,
no eres más que un “te amo”.

Atesoro tus secretos,
los que no te dejan vivir
¿Qué haces con ellos?
Llorar sin dejar ir.

Acéptalo de una vez,
no eres buena persona
por más que yo te adore,
en mi vida solo eres otra.

Escrito por: Laura García García.