Desde la cordura, todo es más fácil.

Cuando el silencio se viste de miedo, es un miedo que consume hasta la última gota de sudor. Yo, de vez en cuando lo escucho en forma de eco, como si me martillase los tímpanos de los oídos. Y lo peor, es que no oigo nada en sí, sólo es un murmullo penetrando mi psiquis.
Desde la cordura, todo es más fácil. Pero, ¿quién no ha escuchado los árboles parlotear? O ¿quién no ha visto el sol sacudirse en las montañas? Aunque nada es lo que parece, mis signos vitales están intactos y mi locura es mucho más razonable que creer en la iglesia.
Al final de este camino, no queda de otra que perderse y rencontrarse entre los sustos que nos da la vida.

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