La tristeza

Triste,
pareciera que estar triste
fuese algo indigno,
y bastante común.


Para qué calmar la tristeza,
para qué engañar al dolor;
mi sonrisa nunca será en vano
y mi llanto no es una ilusión.
Quisiera canalizar mi desdicha,
refugiarme, tal vez, en una piel desnuda,
beber hasta saciar mi juventud
o morirme sin sentir la luz.

Sin más…
He vuelto al estado de negación,
un estado de culpa
y lleno de desolación.
Mis penas van a sus anchas
y mi respiración disminuyó.

Esperaré con ansias la medianoche,
y así, mi tristeza,
se confundirá con las brasas
del perdón.
Habrán sombras sin reproches
ergo, mi desahogo
vivirá en su plenitud.

21 poema de la serie El Diablo de los Poemas.







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