Ramera estampada

Mi pluma se desvanece sobre el papel.
Es inerte, es insultante,
pero he sorteado al destino
de unas cuantas letras de mi camino.
No hay testigos
qué veneren mi llamado,
ni verdugos qué mutilen
los sollozos de mi cansancio.

Mi vida, a veces, es una ramera estampada
y, aún así, no me fío de sus trucos
pues, dentro de mi fracaso,
la soledad se esmera en hacerme sentir bien.

Prefiero los solos desgarradores,
las risas espontáneas
y los versos que escribí
cuando la música dejó de sonar.
He de venir a justificar
la oscuridad,
pero debajo de las sombras
suelo ser yo,
la pieza faltante
de mi puzzle personal.

Poema inspirado. Gracias a mi amigo Ignacio Perfetto, Abrazo de árbol.

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