Díganle

Díganle, de mi parte,
que ha vencido.

Tras las ventanas de invierno
me encuentro, cautivo,
dañado, malherido,
esperando el rayo de la aurora,
el abrirse de las flores,
el primer canto de la alondra.

Fuera ya nada importa:
ni el ave, ni la magnolia
ni la luz tras la cordillera
pero, ah, dentro… se precipita
la verdadera historia.
¿Cómo saber siquiera
si es compañía esta sombra?

Díganle, que dolor se esfumó
y mi lucha transitó,
en eterna agonía…

Y, como una golondrina,
volé hacia tierras lejanas,
sin patria ni sol,
fui errante sin fe
fui bestia sin piel;
mi voz, permaneció entre
el silencio de las dudas
y la oscuridad de las mentiras.

Mi tierra sigue mojada,
el frío condena de mis culpas,
yace en mí, el cristal del alba
yace en mí la historia entretejida,
de la penumbra renaciente
y los versos sin cúpula.

Y díganle, superlativamente
que desde mi pozo hondo
aprendí que los silencios gritan desde las miradas
de quienes los habitan.
Que el amor muere
de quienes duermen
y lo conforman.
Y, aún peor,
que la soledad vive
de quienes acompañados
se sienten solos en el averno del desidio.
Heme tal vez como luna sin reflejo, ni luz,
ni espacio ni huellas.
Soy colibrí sin canto,
ala rota, la otra exhalada a la pena fugada.
Y díganle,
que no busque entre sus falacias nuestro antaño cantar.
Unilateral ha sido su desafiar…
Y, que no vuelva, que su lado vacío lo está consagrando poco a poco mi paz.
Si es así, el dolor es menos dolor.
¡Díganle!

Poema colaborativo en Instagram, entre
Rubén, Martina y Jessica.

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