La Serpiente

Veo la serpiente arrastrarse lentamente hacia mí, y sin más preámbulos la veo enrollarse en mis piernas. Su piel es densa, lisa y suave a la vez. Trato de no moverme, de convertirme en una estatua, pero ella es astuta y percibe mi miedo. Cada minuto que pasa, ella se aferra a mi cuerpo. Yo trato de pensar en otra cosa, de cerrar los ojos e imaginar que estoy en otro lugar.
Sin embargo, no lo consigo y mi mente me obliga a sentirme muy diminuta con ella. La serpiente es dominante, caprichosa y embustera. La siento apoderarse de mis caderas, no sé lo qué pretende ella, pero ya consiguió doblegarme. Yo traté de gritar, y fue inútil; mi voz se esfumó de mi garganta. Mis ojos se nublaron y ya no veo ni las sombras de las nubes. Mi respiración está cada vez más entrecortada y ella se balancea sobre mi pecho. No tengo escapatoria, ahora soy parte de ella.
Mi cuerpo se ha unido a la serpiente, ahora somos una y mi miedo se ha ido, y yo ya no me siento pequeña. No sé qué es la libertad, pero esta fusión me ha hecho participe de ella. La sangre de la serpiente está en mi sangre y mis ojos ahora son más receptivos.

Quizá he recogido la suerte que estaba echada en el piso, o al menos eso es lo que yo creo.




2 Comentarios

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.