Paz Inerte — Prosa Poética

Vi el tiempo que transcurría sin peso, como una parsimonia estupefacta. Me asusté y quise lavarme mi cara. Sentí cómo el agua escurría por mis pestañas y aún así el reloj no se movía. Demasiada quietud me estaba perturbando, sin embargo me sentía más ligera, como si fuese una hoja de un árbol. Pero si fuese un árbol sería un árbol de otoño, cuyas hojas vuelan con el viento y llegan a lugares recónditos. Sin rumbo y sin prejuicios, seguía mirando el reloj y no encuentré ningún motivo que me impulsara a distorsionar la paz. Aunque era una paz inerte, sin aliento. Una paz muerta en vida, porque en medio de mi tranquilidad había una incertidumbre que me estaba carcomiendo por dentro. Era una incertidumbre hecha gusanos, que me devoraban la boca del estómago. Esa duda pudo haberme hecho trizas, pero el reloj al fin se movió y en menos de un minuto volví a revivir el hecho. 

6 Comentarios

      1. Yo creo que uno solo perdura en el corazón de los seres que le han conocido, en los que sembró alguna semilla que germinó con el tiempo.
        Cada día, con lo que hacemos, con lo que escribimos, plantamos semillas, que regamos con la mirada, las manos y el pecho, sin esperar, realmente, que alguna germine

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