(Es)coger — microcuento

Tal vez todo sea cuestión de prender y apagar, de soltar o amarrar. De amores y odios, de sumar o restar, y así seguir en un bucle de escogencias, tratando de minimizar la vida a lo que dicte el dedo. Y sinceramente, desde antes de nacer estamos escogiendo, que si niño o niña, que si azul o rosado. Al decir la primera palabra, es papá o  es agua. Crecemos, y empezamos a escoger qué  nos gusta o que no nos gusta. Y ni qué hablar del sexo, si nos gusta arriba o nos gusta abajo. Todo, absolutamente todo gira entorno al verbo escoger.  Yo escojo, tu escoges, él o ella escoge, nosotros o nosotras escogemos, vosotros o vosotras escogeis y ellos o ellas escogen.

Si me caso, o mejor me quedo soltera, si le hablo o mejor espero que me hablen. Si duermo o prefiero trasnochar. Cosas tan simples como si cocacola o café, nos definen. Y no nos damos cuenta, ¿por qué? Porque desde bebés estamos  naturalizados a escoger entre el bien y el mal, y nadie nos dijo que escoger, es coger con ganas, así nos haga mal o con suerte nos haga bien, las decisiones hay que (es)cogerlas como si no existiese un mañana.

 
Y tal vez esto no tenga sentido o tal vez sea un delirio. La decisión es suya. ¿Cómo la (es)cogería? 

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