Paranoia roja

No hay marcha atrás,
los ecos narran en la tempestad
voces arrítmicas que interrumpen
mi quietud;
hay deseos difíciles de cumplir
y las ramas de los árboles 
chocan contra la pared;
brotan de mi frente
gotas gordas de sudor. 

Paranoia roja
se desborda por toda la habitación,
el dolor no pasa
cuando la respiración pesa;
falta el aire, aun con las ventanas abiertas
y mis venas agrietadas
esperan un poco de redención.

¡Maldita calma ven a salvarme!
Sácame ilesa de esta guerra, 
he sentido la muerte en mi piel
y no me quiero morir.
¡Maldita calma! 
¿A dónde te has ido? 
Te hablo y no hay respuesta,
y mi paranoia roja 
quiere llevarme,
quiere ocultarme 
quiere enfrascarme 
en fragmentos inverosímiles…

No hay tormenta más caprichosa,
la que habita en nosotros.

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