Un minuto de desahogo

Como una vela agonizando, se van apagando mis emociones. Pareciera difícil encontrar mi punto de equilibrio, un día estoy bien, al otro es un completo caos. La vida y sus contrastes, llenándome el rostro de bofetadas todas las mañanas.

Escucho los murmullos de los que me rodean, los oigo vociferar sus quejas. Culpan a todos, culpan a Dios, pero nunca se culpan a sí mismos. Es más fácil arremeter contra los demás, lavar sus errores y untar de mierda el aura ajena que ver en qué se están equivocando y aceptar sus vergüenzas.

Yo quisiera decirles: me cago en sus culpas, a la mierda sus mezquindades y la puta que parió sus inseguridades, pero no… sólo respiro, cuento hasta 10 y no pierdo mi tranquilidad. Porque si hay algo que estoy de acuerdo con los gurús de la armonía, es que ningún hijo de puta debería torpedear mi serenidad. 

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