Teoría King Kong –Virginie Despentes (Fragmento)

Hace unos días me leí este libro, nunca había leído nada sobre esta autora francesa y la verdad quedé atónita. Me gustó muchísimo su ensayo, la manera cómo abordó temas sensibles como la violación, la prostitución y la pornografía dentro de una perspectiva netamente personal. Sin pelos en la lengua y visceral, al final quedé al desnudo con la realidad. 

 

«El feminismo es una revolución no un reordenamiento de consignas de marketing, ni una ola de promoción de la felación o del intercambio de parejas, ni tampoco una cuestión de aumentar el segundo sueldo. El feminismo es una aventura colectiva, para las mujeres pero también para los hombres y para todos los demás».

 

Fragmento del capítulo: Imposible violar a una mujer  tan viciosa

(…)Un coche con tres chavales blancos, típicos barriobajeros de las afueras en esa época, cervezas, porros, hablan de Renaud, el cantante. Como son tres, al principio, no queremos montarnos con ellos. Pero se toman la molestia de hacerse los simpáticos, de bromear y de discutir. Nos convencen de que es estúpido esperar al oeste de París cuando ellos podrían dejarnos en el este, desde donde sería más fácil encontrar a alguien que nos lleve. Y acabamos montándonos en el coche. De las dos, yo soy la que ha corrido más mundo, la más bocazas, la que decide irnos con ellos. Nada más cerrar las puertas, ya sabemos que hemos hecho una tontería. Pero en lugar de gritar «nos bajamos» durante los pocos metros que hubiera sido posible, cada una se dice en su esquina que hay que dejar de ser paranoica y de ver violadores por todas partes. Llevamos una hora hablando con ellos, tienen pinta de simples tarados, graciosos, realmente nada agresivos. Esta proximidad quedará entre las cosas imborrables: cuerpos de hombres en un lugar confinado en el que estamos encerradas, con ellos, pero sin ser como ellos. Nunca iguales, nuestros cuerpos de mujer. Nunca seguras, nunca como ellos. Somos el sexo del miedo, de la humillación, el sexo extranjero. Su virilidad, su famosa solidaridad masculina, se construye a partir de esta exclusión de nuestros cuerpos, se teje en esos momentos. Es un pacto que reposa sobre nuestra inferioridad. Sus risas de tíos, entre ellos, la risa de los más fuertes, de los más numerosos.

Mientras ocurre ellos hacen como si no supieran exactamente qué está pasando. Como llevamos minifalda, como tenemos una el pelo verde y la otra naranja, sin duda, «follamos como perras», así que la violación que se está cometiendo no es tal cosa. Como en la mayoría de las violaciones, imagino. Imagino que, después, ninguno de esos tres tipos se identifica como violador. Puesto que lo que han hecho es otra cosa. Tres con un fusil contra dos chicas a las que han pegado hasta hacerles sangrar: no es una violación. La prueba: si verdaderamente hubiéramos querido que no nos violaran, habríamos preferido morir, o habríamos conseguido matarlos. Desde el punto de vista de los agresores, se las arreglan para creer que si ellas sobreviven es que la cosa no les disgustaba tanto. (…)

(…)He aquí un hecho aglutinador, que conecta a todas las clases sociales, todas las generaciones, todos los cuerpos y todos los caracteres. Pero ¿cómo explicar que nunca oigamos al adversario: «fulanito ha violado a fulanita, en tales circunstancias»? Porque los hombres siguen haciendo lo que las mujeres han aprendido a hacer durante siglos: llamarlo de otro modo, adornarlo, darle la vuelta, sobre todo no llamarlo nunca por su nombre, no utilizar nunca la palabra para describir lo que han hecho. Se «han pasado un poco», ella estaba «un poco borracha» o bien era una ninfómana que hacía como si no quisiera: pero si ha ocurrido es que, en realidad, la chica consentía. Que haga falta pegarla, amenazarla, agarrarla entre varios para obligarla y que llore antes, después y durante, eso no cambia nada; en la mayoría de los casos, el violador se las arregla con su conciencia: no ha sido una violación, era una puta que no se asume y a la que él ha sabido convencer. A menos que ese no sea un peso demasiado difícil de soportar, también del lado de ellos. Pero no sabemos nada, ellos no dicen nada. Solo se identifica en prisión a los psicópatas graves, los violadores en serie que recortan coños con cascos de botella, o a los pedófilos que atacan a las niñas. Porque los hombres, claro está, condenan la violación. Lo que ellos practican, eso es otra cosa.

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